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El 5 de octubre se cumple el 80 aniversario de la muerte de Santa Faustina Kowalska

El 5 de octubre se cumplen 80 años de la muerte de Santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, a quien Jesucristo se le apareció entre 1931 y 1938 con la misión de transmitir a todo el mundo un pilar de la fe cristiana frecuentemente olvidado: la infinita Misericordia, Bondad y Amor de Dios hacia el hombre.

El Señor le ordenó que dejara constancia por escrito de todas sus palabras, lo que dio origen al Diario, la Divina Misericordia en mi alma, que Sor Faustina redactó plasmando el testimonio directo de Jesús sobre las 5 nuevas formas de culto a la Divina Misericordia: la Imagen de Jesús Misericordioso, la Hora de la Misericordia, la oración de la Coronilla, la Fiesta de la Divina Misericordia y la Difusión del culto a la Divina Misericordia. Todas ellas contienen promesas concretas de Jesús para quienes las practiquen con absoluta confianza en Dios y con la exigencia de realizar obras de misericordia por el prójimo. Como siempre, os recomiendo su lectura y os resalto en color negrita las palabras de Jesucristo, junto con el numeral del Diario en el que podéis leerlas.

Precisamente, sobre la misión de Santa Faustina, Nuestro Señor afirma lo siguiente:

Hija Mía, exijo que todos los momentos libres los dediques a escribir de Mi bondad y misericordia; esta es tu misión y tu tarea en toda tu vida para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia…..” (Diario, 1567).

Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso de los castigos cuando Me obligan a ello. Mi mano resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia” (Diario, 1588).

Escribe sobre Mi bondad lo que te venga a la cabeza”. `Contesté: pero Señor, ¿si escribo demasiado? Y el Señor me respondió´: Hija Mía, aunque hablaras todas las lenguas de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable, apenas en una pequeña parte”.

`¡Oh, Jesús mío! Tú Mismo pon las palabras en mi boca para que pueda adorarte dignamente´.

Hija Mía, quédate tranquila, haz lo que te digo. Tus pensamientos están unidos a Mis pensamientos, pues escribe lo que te venga a la cabeza. Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo en ésta y en la vida futura. Quiero que así sea, a pesar de todos los obstáculos que te pondrán. Has de saber que no cambiará lo que Me agrada” (Diario, 1605).

Sor Faustina también reflexiona sobre la misión que le encomienda el Señor: “¡Oh, Jesús mío! Cada uno de Tus santos refleja en sí una de Tus virtudes, yo deseo reflejar Tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que Tu misericordia, ¡oh Jesús!, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. Glorificar Tu misericordia es la tarea exclusiva de mi vida” (Diario, 1242).

De hecho, Sor Faustina logró una estrecha unión de su alma con Dios, aunque también sufrió la lucha espiritual en su camino hacia la perfección cristiana. El Señor la colmó de gracias extraordinarias: los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, revelaciones, visiones, estigmas, así como los dones de profecía y de leer en las almas humanas.

Sobre su relación con Dios, Sor Faustina destaca que “ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios. Dios nunca violenta nuestro libre albedrío. De nosotros depende si queremos recibir la gracia de Dios o no; si vamos a colaborar con ella o la malgastamos” (Diario, 1107).

Además, Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores, experimentando diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar sus almas. En este sentido, anota en su Diario que “el sufrimiento es una gran gracia. A través del sufrimiento el alma se hace semejante al Salvador, el amor se cristaliza en el sufrimiento. Cuanto más grande es el sufrimiento, tanto más puro se hace el amor.” (Diario, 57).

En los últimos años de su vida, Sor Faustina desarrolló una tuberculosis que le atacó los pulmones y el sistema digestivo, falleciendo el 5 de octubre de 1938, a los 33 años de edad. Dos días después, su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la Comunidad, situado en el jardín de la Casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en Cracovia-Lagiewniki.

Posteriormente, el 25 de noviembre de 1966, durante el proceso informativo abierto para su beatificación, los restos mortales de Sor Faustina fueron trasladados a la capilla de la Congregación en Cracovia-Lagiewniki.

El 18 de abril de 1993, Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

Finalmente, el 30 de abril de 2000, la Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, convirtiéndose así en la primera santa en ser canonizada en el tercer milenio y en el año jubilar 2000.

El Papa Juan Pablo II declaró el segundo domingo de Pascua como el Domingo de la Misericordia Divina en el mundo entero, estableciendo así la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia que Jesucristo había reclamado a Sor Faustina.

Los primeros años de Sor Faustina

Santa Faustina nació el 25 de agosto de 1905 en la aldea de Glogowiec (Polonia), en el seno de una familia de campesinos, en la que ella era la tercera de diez hermanos. Fue bautizada con el nombre de Elena Kowalska.

Tal y como ella misma relata en su Diario, sintió la llamada de Dios a una edad muy temprana: “Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada. A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta. Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia. No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas” (Diario, 7).

En otro pasaje del Diario, anota lo siguiente: “¡Oh Jesús mío! Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ningún alma Te amó hasta ahora. Al principio estos eran mis deseos secretos, de los cuales sabía sólo Jesús. Hoy no los alcanzo a contener en el corazón, desearía gritar al mundo entero: amad a Dios, porque es bueno y su misericordia es grande” (Diario, 1372).

A los 18 años, sintió con fuerza la vocación religiosa, pidiendo permiso a sus padres para entrar en un convento, pero ellos se lo negaron. Sor Faustina explica que “después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque mi alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia eran para mí un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con distracciones. Evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas. Pero la gracia divina venció en mi alma” (Diario, 8).

Durante ese mismo año tuvo una experiencia que marcó su vida. Fue invitada a una fiesta junto con su hermana Josefina, en la ciudad de Lodz:

Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores. En el momento en que empecé a bailar, de repente vi a Jesús junto a mí. A Jesús martirizado, despojado de Sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras: ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?”. En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo. Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza. Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka. Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral. Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante” (Diario, 9).

Entonces oí esas palabras: “Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un convento”. Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia” (Diario, 10).

Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo: ¿Qué hacer? ¿A dónde dirigirme si no conocía a nadie? Y dije a la Madre de Dios: María, dirígeme, guíame. Inmediatamente oí en el alma estas palabras: que saliera de la ciudad a una aldea donde pasaría una noche tranquila. Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho” (Diario, 11).

Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de Dios. Las Santas Misas seguían una tras otra. Durante una oí estas palabras: “Ve a hablar con este sacerdote y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante”. Terminada la Santa Misa fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar” (Diario, 12).

Al principio el sacerdote se sorprendió, pero me recomendó confiar mucho en que Dios lo arreglaría. Entretanto yo te mandaré a casa de una señora piadosa, donde tendrás alojamiento hasta que entres en un convento. Cuando me presenté en su casa, la señora me recibió con gran amabilidad. Empecé a buscar un convento, pero donde llamaba me despedían. El dolor traspasó mi corazón y dije al Señor: ayúdame, no me dejes sola. Por fin llamé a nuestra puerta” (Diario, 13).

“Cuando salió a mi encuentro la Madre Superiora, la actual Madre General Micaela, tras una breve conversación, me ordenó ir al Dueño de la casa y preguntarle si me recibía. En seguida comprendí que debía preguntar al Señor Jesús. Muy feliz fui a la capilla y pregunté a Jesús: Dueño de esta casa, ¿me recibes? Una de las hermanas de esta casa me ha dicho que Te lo pregunte”.

En seguida oí esta voz: Te recibo, estás en Mi Corazón”. Cuando regresé de la capilla, la Madre Superiora, primero me preguntó: `Pues bien, ¿te ha recibido el Señor?´ Contesté que sí. `Si el Señor te ha recibido, yo también te recibo´ (Diario, 14).

Tal fue mi ingreso. Sin embargo, por varias razones, más de un año tuve que estar en el mundo, en casa de esta piadosa señora, pero no volví ya a mi casa. En aquella época tuve que luchar contra muchas dificultades, sin embargo Dios no me escatimaba en Su gracia. Mi añoranza de Dios se hacía cada vez más grande” (Diario, 15).

Entonces, me dirigí a Dios con toda mi alma sedienta de Él. Eso fue durante la Octava de Corpus Cristi. Dios llenó mi alma con la luz interior para que lo conociera más profundamente como el bien y la belleza supremos. Comprendí cuánto Dios me amaba. Es eterno Su amor hacia mí. Eso fue durante las vísperas. Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios el voto de castidad perpetua. A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo. En aquel momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús” (Diario, 16).

Por fin, llegó el momento cuando se abrió para mí la puerta del convento. Eso fue el primero de agosto, al anochecer, en vísperas de la fiesta de la Madre de Dios de los Ángeles. Me sentía sumamente feliz, me pareció que entré en la vida del paraíso. De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias” (Diario, 17).

Elena Kowalska se refiere en este punto a que fue aceptada el 1 de agosto de 1925 en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Varsovia.

Sin embargo, prosigue su relato contanto lo siguiente: “tres semanas después vi que aquí había muy poco tiempo para la oración y que muchas otras cosas me empujaban interiormente a entrar en un convento de regla más estricta. Esta idea se clavó en mi alma, pero no había en ella la voluntad de Dios. No obstante, la idea, es decir la tentación, se hacia cada vez más fuerte hasta que un día decidí hablar con la Madre Superiora y salir decididamente. Pero Dios guió las circunstancias de tal modo que no pude hablar con la Madre Superiora. Antes de acostarme, entré en una pequeña capilla y pedí a Jesús la luz en esta cuestión, pero no recibí nada en el alma, solo me llenó una extraña inquietud que no llegaba a comprender. A pesar de todo decidí que a la mañana siguiente, después de la Santa Misa, le comunicaría a la Madre Superiora mi decisión” (Diario, 18).

Volví a la celda, las hermanas estaban ya acostadas y la luz apagada. No sabia qué hacer conmigo. Me tiré al suelo y empecé a rezar con fervor para conocer la voluntad de Dios. En todas partes había un silencio como en el tabernáculo. Después de un momento, en mi celda se hizo luz y en la cortina vi el rostro muy dolorido del Señor Jesús. Había llagas abiertas en todo el rostro y dos grandes lágrimas caían en la sobrecama. Sin saber lo que todo eso significaba, pregunté a Jesús: Jesús, ¿quién te ha causado tanto dolor? Y Jesús contestó: Tú Me vas a herir dolorosamente si sales de este convento. Te llamé aquí y no a otro lugar y te tengo preparadas muchas gracias”. Pedí perdón al Señor Jesús e inmediatamente cambié la decisión que había tomado.

Al día siguiente fue día de confesión. Conté todo lo que había ocurrido en mi alma, y el confesor me contestó que había en ello una clara voluntad de Dios que debía quedarme en esta Congregación y que ni siquiera podía pensar en otro convento. A partir de aquel momento me siento siempre feliz y contenta” (Diario, 19).

El 30 de abril de 1926 recibirá el hábito y el nombre religioso de Sor María Faustina.

Para concluir este post, os dejo una de las reflexiones que Santa Faustina Kowalska escribe sobre la inmensidad de su misión, ya que es un auténtico alegato para que las almas tengan plena confianza en la Divina Misericordia de Jesucristo:

¡No te olvidaré, pobre Tierra!, aunque siento que me sumergiré inmediatamente toda en Dios, como en un océano de felicidad, eso no me impedirá volver a la Tierra y dar ánimo a las almas e invitarlas a confiar en la Divina Misericordia. Al contrario, esa inmersión en Dios me dará unas posibilidades ilimitadas de obrar” (Diario, 1582).

La Difusión de la Divina Misericordia

Tras haber escrito en los posts anteriores sobre la Imagen de Jesús Misericordioso, la Hora de la Misericordia, la Coronilla y la Fiesta de la Divina Misericordia, en el post de hoy quiero centrarme en la última de las formas de culto a la Divina Misericordia, que consiste en su Difusión.

Como siempre, haré referencia a las revelaciones que Jesucristo transmitió a Sor Faustina Kowalska y que quedaron plasmadas en su Diario, la Divina Misericordia en Mi Alma, que de nuevo os invito a leer, dada su trascendencia. Encontraréis las palabras de Jesús remarcadas en color negrita, con indicación del numeral del Diario en las que podéis leerlas.

Las promesas de la difusión

Sor Faustina Kowalska relata en su Diario que Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos los que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión” (Diario, 378).

Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia” (Diario, 379).

En otro pasaje del Diario, Sor Faustina cuenta que escuchó estas palabras cuando fue a la adoración:

Hija Mía amada, apunta estas palabras: Mi Corazón ha descansado hoy en este convento. Habla al mundo de Mi misericordia, de Mi amor.

Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. ¡Oh, qué dolor Me dan cuando no quieren aceptarlas!

Hija mía, haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz.

Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas” (Diario, 1074).

A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa [protege] a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esta última hora el alma no tiene nada en su defensa fuera de Mi misericordia. Feliz el alma que durante la vida se ha sumergido en la Fuente de la Misericordia, porque no la alcanzará la justicia” (Diario, 1075).

Sor Faustina narra en su Diario que el Señor le dijo: “Escribe, hija Mía, estas palabras: Todas las almas que adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate” (Diario, 1540).

Hija Mía, no dejes de proclamar Mi misericordia para aliviar Mi Corazón, que arde del fuego de compasión por los pecadores. Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario, 1521).

Confianza en la Divina Misericordia

A lo largo del Diario, Sor Faustina va escribiendo todas las revelaciones que Jesús le transmite sobre su Divina Misericordia y el deseo que Nuestro Señor tiene de que todas las almas confíen plenamente en su Infinita Misericordia.

En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia. Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel” (Diario, 723).

Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como Juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia” (Diario, 1146).

Hija Mía, deleite y complacencia Mía, nada Me detendrá en concederte gracias. Tu miseria no es un obstáculo para Mi misericordia. Hija Mía, escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e [invita] a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna” (Diario, 1182).

De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas. Me queman las llamas de compasión, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Habla al mundo entero de Mi misericordia” (Diario, 1190).

Hija Mía, ¿crees, quizá, que hayas escrito suficiente sobre Mi misericordia? Lo que has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo soy el Amor y la Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da [mi misericordia] aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273).

Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la tierra…. Por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercase a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia” (Diario, 1275).

Has de saber que cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias y tu imperfección desaparece ante Mí y veo solamente tu amor y tu humildad. No pierdes nada, sino que ganas mucho” (Diario, 1293).

He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina” (Diario, 1520).

Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia” (Diario, 1577).

Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones” (Diario, 1578).

Has de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante. Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas. Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza, quienes la tienen muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración. Tú conoces todo el abismo de Mi misericordia, entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada” (Diario, 1777).

¡Cuánto deseo la salvación de las almas! Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo” (Diario, 1784).

Escribe: Todo lo que existe está encerrado en las entrañas de Mi misericordia más profundamente que un niño en el seno de la madre. ¡Cuán dolosamente Me hiere la desconfianza en Mi bondad! Los pecados de desconfianza son los que Me hieren más penosamente” (Diario, 1076).

¡Oh, cuánto Me duele que muy rara vez las almas se unan a Mí en la Santa Comunión! Espero a las almas y ellas son indiferentes a Mí. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de Mí. Deseo colmarlas de gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como una cosa muerta, mientras que Mi Corazón está lleno de Amor y Misericordia. Para que tú puedas conocer al menos un poco Mi dolor, imagina a la más tierna de las madres que ama grandemente a sus hijos, mientras que esos hijos desprecian el amor de la madre. Considera su dolor. Nadie puede consolarla. Ésta es sólo una imagen débil y una tenue semejanza de Mi Amor” (Diario, 1447).

Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido, no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Oh, infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia! Lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde” (Diario, 1448).

Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme” (Diario, 404).

Sor Faustina también reflexiona sobre la Divina Misericordia de Jesucristo:

¡Oh, qué ardiente es mi deseo de que cada alma glorifique Tu misericordia! Feliz el alma que invoca la misericordia del Señor. Experimentará lo que ha dicho el Señor, es decir, que la defenderá como su gloria, ¿y quién se atreverá a luchar contra Dios? Que toda alma exalte la misericordia del Señor con la confianza en su misericordia, durante toda su vida y especialmente en la hora de la muerte. Alma querida, no tengas miedo de nada, quienquiera que seas; y cuanto más grande es el pecador, tanto mayor derecho tiene a Tu misericordia, Señor. ¡Oh bondad inconcebible! Dios es el primero en humillarse hacia el pecador. ¡Oh Jesús, deseo glorificar Tu misericordia para miles de almas! Yo sé bien, ¡oh Jesús, que debo hablar a las almas de Tu bondad, de Tu inconcebible misericordia!” (Diario, 598).

La Segunda Venida

Sor Faustina Kowalska explica en su Diario que “durante la meditación matutina me envolvió la presencia de Dios de modo singular, mientras reflexionaba sobre la grandeza infinita de Dios y, al mismo tiempo, sobre su condescendencia hacia la criatura. Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo”:

¡Oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de su gracia! Yo di al mundo el Salvador y tú debes hablar al mundo de su gran misericordia y preparar al mundo para su segunda venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. ¡Oh, qué terrible es ese día! Establecido está ya el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante ese día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aún el tiempo para conceder la misericordia. Si ahora tú callas, en aquel día tremendo responderás por un gran número de almas. No tengas miedo de nada, permanece fiel hasta el fin, yo te acompaño con mis sentimientos” (Diario, 635).

En este sentido, Sor Faustina afirma que “los canales de las gracias divinas están abiertos para nosotros, tratemos de aprovecharlos antes de que venga el día de la justicia de Dios y [será] un día terrible” (Diario, 1159).

Asimismo, en un pasaje del Diario, Sor Faustina relata lo siguiente:

Una vez, cuando pregunté al Señor cómo podía soportar tantos delitos y toda clase de crímenes sin castigarlos, el Señor me contestó: Para castigar tengo la eternidad y ahora estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ¡ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita! Hija Mía, secretaria de Mi misericordia, no sólo te obligo a escribir y proclamar Mi misericordia, sino que impetra para ellos la gracia para que también ellos adoren Mi misericordia” (Diario, 1160).

Por último, las obras de misericordia también aparecen en el Diario como una base fundamental del culto a la Divina Misericordia y de la importancia que tienen en el día del juicio:

Sé, hija Mía, que lo comprendes y haces todo lo que está en tu poder, pero escríbelo para muchas almas que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para practicar con ellos la misericordia. Sin embargo, el mérito mucho más grande lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio. ¡Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio!” (Diario, 1317).

No tengas miedo

En el Diario encontramos varios pasajes en los que Sor Faustina siente miedo a la difusión de la Divina Misericordia y cómo Jesús calma sus temores:

Hoy Jesús ha entrado en mi pequeña habitación aislada (…) y dijo: Hija Mía, ¿por qué te dejas llevar por pensamiento de miedo? Contesté: ¡Oh Señor, Tú sabes por qué! Y me dijo: ¿Por qué? Esta obra me asusta. Tú sabes que soy incapaz de cumplirla. Y me dijo: ¿Por qué? Ves que no tengo salud, no tengo instrucción, no tengo dinero, soy un abismo de miseria, tengo miedo de tratar con la gente. Jesús, yo deseo solamente a Ti, Tú puedes liberarme de esto. Y el Señor me dijo: Hija Mía, lo que Me has dicho es verdad. Eres muy miserable y a Mí Me ha agradado realizar la obra de la misericordia precisamente a través de ti que eres la miseria misma. No tengas miedo, no te dejaré sola. Haz por esta causa lo que puedas, yo completaré todo lo que te falta; tú sabes lo que está en tu poder, hazlo” (Diario, 881).

Haz lo que está en tu poder y no te preocupes por lo demás; estas dificultades demuestran que esta obra es Mía. Quédate tranquila si haces todo lo que está en tu poder” (Diario, 1295).

Cuando dieron las doce, mi alma se sumergió en un recogimiento más profundo y escuché en el alma una vez: No tengas miedo, niña Mía, no estás sola, lucha con valor porque te sostiene Mi brazo; lucha por la salvación de las almas, invitándolas a confiar en Mi misericordia, ya que ésta es tu tarea en ésta y en la vida futura. Después de estas palabras comprendí más profundamente la Divina Misericordia. Será condenada solamente el alma que lo quiera, porque Dios no condena a nadie” (Diario, 1452).

Ejemplos de difusión de la Divina Misericordia

Para finalizar este post, os invito a que cada uno de vosotros reflexionéis sobre la forma en la que podéis difundir el culto a la Divina Misericordia de Jesucristo, ayudando a Nuestro Señor a dar a conocer su mensaje de Amor, Bondad y Misericordia sin límites hacia el hombre. Cada uno conoce sus propias virtudes y cómo puede materializar esta difusión en su vida diaria.

Algunos ejemplos pueden ser compartir el conocimiento de la Divina Misericordia con familiares, amigos y otras personas, mediante la palabra, el escrito, las redes sociales o cualquier otro medio que se os ocurra. En mi caso particular, me decidí a escribir mi blog El Amigo que Nunca Falla, que es una fuente constante de alegría, al constatar que sois muchos los que me seguís día tras día.

Pero sin duda hay miles de ejemplos más por realizar (evangelizar con la palabra a quienes lo necesiten, escribir un libro o una tesis doctoral, dar un ciclo de conferencias y un largo etcétera).

Todos ellos serán enormemente valorados por Jesucristo, ya que serán una muestra de amor hacia Él y de confianza en su Bondad. Además, estaréis haciendo una obra de misericordia por el prójimo, ayudando a salvar a muchos pecadores, tal y como Jesús desea. La Difusión de la Divina Misericordia se convierte así en una forma de agradecimiento a Jesucristo por su gran obra de Redención en la Cruz.