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Reflexiones de Santa Faustina Kowalska sobre la paciencia

En diversos pasajes del Diariola Divina Misericordia en mi alma, Santa Faustina Kowalska reflexiona sobre la virtud de la paciencia, llegando a la conclusión de que es la que nos hará vencer en medio de las dificultades de la vida. Incluso, llega a afirmar que es una prueba necesaria antes de recibir una gracia extraordinaria de Dios.

Es precisamente en los momentos de contrariedad cuando la paciencia y la confianza en la Divina Misericordia nos harán alcanzar la victoria final, aunque esta se manifieste después de años.

A continuación, os dejo las reflexiones de Santa Faustina, junto con el numeral del Diario en las que podéis encontrarlas:

“Entre las más grandes dificultades y contrariedades no pierdo la paz interior ni el equilibrio en lo exterior y esto desanima a los adversarios. Entre las contrariedades, la paciencia refuerza al alma” (Diario, 607).

“¡Oh Jesús, dame fortaleza y sabiduría para atravesar esta pavorosa selva, para que mi corazón sepa soportar pacientemente el deseo ardiente de Ti, oh Señor mío! Permanezco siempre en sagrado asombro cuando siento que Te estás acercando a mí. Tú, el Soberano del trono terrible, bajas al miserable destierro y vienes a una pobre mendiga que no tiene nada más que la miseria. No sé hospedarte, ¡oh mi Príncipe!, pero Tú sabes que Te quiero con cada latido de mi corazón. Veo Tu humillación, sin embargo, Tu Majestad no disminuye a mis ojos. Sé que me amas con el amor del esposo y eso me basta, a pesar de que nos separa un gran abismo, porque Tú eres el Creador y yo Tu criatura. Pero el amor es la única explicación de nuestra unión, fuera de él todo es inconcebible. Solo con el amor se comprende la inconcebible familiaridad con la que me tratas. ¡Oh Jesús!, Tu grandeza me espanta y permanecería en un continuo asombro y temor si no me tranquilizaras Tú Mismo. Tú me haces capaz de tratar Contigo siempre antes de acercarte” (Diario, 885).

“Hay aquí cierta persona que antes era nuestra alumna. Naturalmente me ejercita en la paciencia, me visita varias veces al día. Después de cada visita estoy cansada, pero veo que es el Señor Jesús quien me ha mandado este alma. Que todo Te alabe, ¡oh Señor! La paciencia da gloria a Dios. ¡Oh, qué pobres son las almas!” (Diario, 920).

“Hay momentos en los cuales no tengo confianza en mí misma, estoy profundamente convencida de mi debilidad y miseria y comprendo que en tales momentos puedo perseverar solamente confiando en la infinita misericordia de Dios. La paciencia, la oración y el silencio refuerzan el alma. Hay momentos en los cuales el alma debe callar y no conviene que hable con las criaturas. Aquellos son los momentos de insatisfacción de sí misma y el alma se siente débil como un niño, entonces, se agarra con toda la fuerza a Dios. En tales momentos vivo exclusivamente de la fe y cuando me siento fortalecida por la gracia de Dios, entonces soy más valiente en la conversación y en las relaciones con el prójimo” (Diario, 944).

“Antes de cada gracia muy grande, mi alma es sometida a una prueba de paciencia, porque la siento pero no la poseo todavía. Mi espíritu se agita, pero la hora aún no ha llegado. Esos momentos son tan misteriosos que es difícil escribir de ellos” (Diario, 1084).

“No es cosa fácil soportar alegremente los sufrimientos y sobre todo los no merecidos. La naturaleza corrupta se rebela y aunque la voluntad y el intelecto están por encima del sufrimiento siendo capaces de hacer el bien a aquellos que les hacen sufrir, sin embargo, el sentimiento hace mucho ruido y como un espíritu inquieto asalta la voluntad y el intelecto, pero al ver que nada puede hacer por sí solo, se calma y se somete al intelecto y a la voluntad. Como una fealdad irrumpe en lo íntimo y hace mucho ruido al quererlo solo escuchar cuando no está atado corto por la voluntad y el intelecto” (Diario, 1152).

“Meditación. Durante la meditación, la hermana que tiene su reclinatorio al lado del mío, carraspea y tose continuamente, a veces sin interrupción. Una vez me vino la idea de cambiar de lugar para el tiempo de meditación, en vista que era ya después de la Santa Misa; sin embargo, pensé: si cambio de lugar la hermana se dará cuenta y sentirá, quizá, un disgusto por haberme alejado de ella. He decidido continuar con la oración y en mi lugar ofreciendo a Dios un acto de paciencia. Al final de la meditación, mi alma fue inundada de tanta consolación enviada por Dios cuanta pudo soportar mi corazón y el Señor me hizo saber que si me hubiera alejado de esa hermana me habría alejado también de las gracias que descendieron sobre mi alma” (Diario, 1311).

“Retiro espiritual mensual de un día. Durante estos ejercicios espirituales, el Señor me ha dado la luz de un más profundo conocimiento de su voluntad y al mismo tiempo del total abandono a esta santa voluntad de Dios. Esta luz me ha fortalecido en una paz profunda, dándome a comprender que no debo tener miedo de nada menos del pecado. Cualquier cosa que Dios me envíe, la aceptaré con una total sumisión a su santa voluntad. Dondequiera que Él me ponga, trataré de cumplir fielmente su santa voluntad y todo lo que le agrade, siempre que esté en mi poder, aunque esta voluntad de Dios fuera para mí dura y pesada como lo fue la voluntad del Padre celestial para con Su Hijo que rezaba en el Huerto de los Olivos. Pues me he dado cuenta de que si la voluntad del Padre celestial se cumple de este modo en Su amadísimo Hijo, entonces precisamente de este mismo modo se cumplirá también en nosotros: sufrimientos, persecuciones, ultrajes, deshonor, con todo esto mi alma se asemeja a Jesús. Y cuanto más grande es el sufrimiento, tanto mejor veo que me asemejo a Jesús. Este es el camino más seguro. Si otro camino fuera mejor, Jesús me lo indicaría. Los sufrimientos no me quitan la paz en absoluto, pero, por otra parte, aunque gozo de una paz profunda, no obstante, esta paz profunda no me quita la sensación del sufrimiento. Aunque, a veces, tengo la cara inclinada hacia la tierra y las lágrimas corren en abundancia, sin embargo, en ese mismo momento mi alma goza de una paz profunda y de felicidad…” (Diario, 1394).

“He aprendido que la mayor fuerza está oculta en la paciencia. Veo que la paciencia siempre conduce a la victoria, aunque no inmediatamente, pero la victoria se manifestará después de años. La paciencia va unida a la mansedumbre” (Diario, 1514).

“En los momentos de dudas no actuaré, sino que buscaré cuidadosamente una explicación entre el clero y especialmente en mi director espiritual. No justificarme de los reproches y las observaciones hechas por cualquiera, excepto el caso de ser interrogada directamente para dar testimonio de la verdad. Escuchar con gran paciencia las confidencias de los demás, encargarme de sus sufrimientos, confortándolos, y sumergir mis propios sufrimientos en el compasivísimo Corazón de Jesús. Nunca salir de las profundidades de su misericordia e introducir en ella al mundo entero” (Diario, 1550).

Tengo sed de ti

Hoy quiero compartir con vosotros la oración Tengo sed de ti, escrita por la Madre Teresa de Calcuta, en la que describe perfectamente el infinito Amor que Jesucristo siente por cada persona.

Os recomiendo que la leáis con detenimiento porque, al estar escrita en primera persona, es como si cada palabra fuera pronunciada por Jesús, lo que la convierte en una oración capaz de traspasar el corazón.

Al encontrarnos en Adviento, que es un tiempo de espera confiada en el Señor, la oración Tengo sed de ti nos recuerda que el Amor y la Misericordia de Dios no conocen límites.

Jesús desea darse a cada persona para transformar su vida. Él puede cambiar cualquier situación personal, es capaz de solucionar todo tipo de problemas o dificultades e incluso quiere sanarnos. Lo único que nos pide para que Él pueda actuar es que le abramos nuestro corazón con fe, confiando plenamente en su infinito Amor.

La Divina Misericordia de Jesucristo, además de actuar en el perdón de los pecados, se manifiesta también en su Poder transformador, que es capaz de rehacer la vida de toda persona. Por tanto, os animo a compartir con el Señor cualquier dificultad que estéis atravesando para que Él pueda transformarla.

” Mira que estoy a la puerta y llamo…”. (Apocalipsis 3, 20).

Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aún cuando no estás escuchando, aún cuando dudes que pudiera ser Yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que Me permita entrar.

Y quiero que sepas que cada vez que me invitas, Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos, trayendo los muchos dones de Mi Espíritu. Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor en cada detalle, tan grande como el Amor que he recibido de Mi Padre (“Yo les he amado a ustedes como el Padre me ama a Mí…, Jn. 15,10). Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con Mi poder, que me permite cargarte a ti con Mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.

Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti, hasta los cabellos de tu cabeza he contado. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para Mí. Te he seguido a través de los años y siempre te he amado, hasta en tus extravíos. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones y, sí, conozco todos tus pecados. Pero te digo de nuevo que Te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, Te amo por ti, por la belleza y la dignidad que Mi Padre te dio al crearte a Su propia imagen. Es una dignidad que muchas veces has olvidado, una belleza que has empañado por el pecado. Pero te amo como eres y he derramado Mi sangre para rescatarte. Si solo me lo pides con fe, Mi gracia tocará todo lo que necesita ser cambiado en tu vida: Yo te daré la fuerza para librarte del pecado y de todo su poder destructor.

Sé lo que hay en tu corazón, conozco tu soledad y todas tus heridas, los rechazos, los juicios, las humillaciones. Yo lo sobrellevé todo antes que tú. Y todo lo sobrellevé por ti, para que pudieras compartir Mi fuerza y Mi victoria. Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé qué tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor?

“Vengan a Mí todos los que tengan sed…” (Jn. 7,37). Yo te saciaré y te llenaré. ¿Tienes sed de ser amado? Te amo más de lo que te puedes imaginar…, hasta el punto de morir en la Cruz por ti.

TENGO SED DE TI. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir Mi Amor. TENGO SED DE TI. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Tan precioso eres para Mí que TENGO SED DE TI. Ven a Mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva creación y te daré la paz aún en tus pruebas. TENGO SED DE TI. Nunca debes dudar de Mi Misericordia, de Mi deseo de perdonarte, de Mi anhelo por bendecirte y vivir Mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. TENGO SED DE TI. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. TENGO SED DE TI. Ábrete a Mí, ven a Mí, ten sed de Mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para Mi Corazón.

¿No te das cuenta de que Mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en Mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante Mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría Yo esto? PORQUE TENGO SED DE TI. Lo único que te pido es que te confíes completamente a Mí. Yo haré todo lo demás.

Desde ahora, ya veo el lugar que Mi Padre te ha preparado en Mi Reino. Recuerda que eres peregrino en esta vida viajando a casa. El pecado nunca te puede satisfacer ni traerte la paz que anhelas. Todo lo que has buscado fuera de Mí solo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de Mí cuando caigas. Ven a Mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que Yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.

No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. TENGO SED DE TI, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en Mi Amor, ya que será tu confianza en ese Amor la que te hará cambiar. Tú te olvidas de Mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira Mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido Mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que dije en ella, te dicen claramente por qué Yo soporté todo esto por ti: “… TENGO SED” (Jn. 19, 28). Sí, TENGO SED DE TI. Como el resto del salmo que Yo estaba rezando dice de Mí: “… esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no lo hallé” (Salmo 69:20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?

Cuando finalmente abras las puertas de tu corazón y finalmente te acerques lo suficiente, entonces Me oirás decir una y otra vez, no en meras palabras humanas sino en espíritu: “no importa qué es lo que hayas hecho, te amo por ti mismo. Ven a Mí con tu miseria y tus pecados, con tus problemas y necesidades, y con todo tu deseo de ser amado. Estoy a la puerta de tu corazón y llamo…, ábreme, porque TENGO SED DE TI…”.

“Jesús es Dios, por lo tanto Su Amor y Su Sed son infinitos. Él, Creador del Universo, pidió el amor de sus criaturas. Tiene sed de nuestro amor… Estas palabras: ‘Tengo sed’, ¿tienen un eco en nuestra alma?”.

Madre Teresa de Calcuta.

La gracia de la Divina Misericordia

Santa Faustina Kowalska destaca en diversos pasajes de su Diario, la Divina Misericordia en mi alma cómo la misericordia de Dios actúa con toda su fuerza aún en el mayor pecador. Se trata de una gracia infinita, que no cesa ni se agota, y que siempre está a disposición de toda persona, más allá de los pecados que haya podido cometer.

Incluso ella misma relata ciertos momentos en los que siente debilidad en su alma, hallando consuelo únicamente en Dios: “cuanto más miserable es mi alma, tanto mejor siento que el mar de la misericordia de Dios me absorbe y me da una enorme fuerza y fortaleza” (Diario, 225).

A continuación, os traslado sus propias reflexiones sobre la gracia de la Divina Misericordia y también las palabras que le transmitió Jesús, que como es habitual os destaco en color negrita, con indicación de los numerales del Diario en los que podéis encontrar su testimonio.

Al final del primer año de noviciado, mi alma empezó a oscurecer. No sentía ningún consuelo en la oración, la meditación venía con gran esfuerzo, el miedo empezó a apoderarse de mí. Penetré más profundamente en mi interior y lo único que vi fue una gran miseria. Vi también claramente la gran santidad de Dios, no me atrevía a levantar los ojos hacia Él, pero me postré como polvo a sus pies y mendigué Su misericordia.

Pasaron casi seis meses y el estado de mi alma no cambió nada. Nuestra querida Madre Superiora me daba ánimo [en] esos momentos difíciles. Sin embargo, este sufrimiento aumentaba cada vez más y más. Se acercaba el segundo año del noviciado. Cuando pensaba que debía hacer los votos, mi alma se estremecía. No entendía lo que leía, no podía meditar. Me parecía que mi oración no agradaba a Dios. Cuando me acercaba a los Santos Sacramentos me parecía que ofendía aún más a Dios. Sin embargo, el confesor no me permitió omitir ni una sola Santa Comunión. Dios actuaba en mi alma de modo singular. No entendía absolutamente nada de lo que me decía el confesor. Las sencillas verdades de la fe se hacían incomprensibles, mi alma sufría sin poder encontrar satisfacción en alguna parte. Hubo un momento en que me vino una fuerte idea de que era rechazada por Dios. Esta terrible idea atravesó mi alma por completo. En este sufrimiento mi alma empezó a agonizar. Quería morir pero no podía (…).

Esta terrible idea de ser rechazados por Dios es un tormento que en realidad sufren los condenados. Recurría a las heridas de Jesús, repetía las palabras de confianza, sin embargo esas palabras se hacían un tormento aún más grande. Me presenté delante del Santísimo Sacramento y empecé a decir a Jesús: `Jesús, Tú has dicho que antes una madre olvide a su niño recién nacido que Dios olvide a Su criatura, y aunque ella olvide, Yo, Dios, no olvidaré a Mi criatura. Oyes, Jesús, ¿Cómo gime mi alma? Dígnate oír los gemidos dolorosos de Tu niña. En Ti confío, ¡oh Dios!, porque el Cielo y la Tierra pasarán, pero Tu Palabra perdura eternamente´. No obstante, no encontré alivio ni por un instante” (Diario, 23).

¡Oh almas humanas!, ¿dónde encontrarán refugio el día de la ira de Dios? Refúgiense ahora en la Fuente de la Divina Misericordia. ¡Oh, qué gran número de almas veo que han adorado la Divina Misericordia y cantarán el himno de gloria por la eternidad!” (Diario, 848).

A Jesús le duele especialmente que no se confíe en Él, tal y como transcribe Sor Faustina en su Diario:

La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas. Aún más Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí. Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas. ¡Ay de las almas que abusen de ella!” (Diario, 50).

Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la Tierra…. Por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercase a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia” (Diario, 1275).

Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia” (Diario, 1577).

La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada” (Diario, 1397).

Precisamente, Sor Faustina narra que a menudo ruega la misericordia de Dios por las almas:

Me relaciono a menudo con almas agonizantes impetrando para ellas la misericordia de Dios. ¡Oh, qué grande es la bondad de Dios!, más grande de lo que nosotros podemos comprender. Hay momentos y misterios de la Divina Misericordia de los cuales se asombran los cielos. Que callen nuestros juicios sobre las almas porque la Divina Misericordia es admirable para con ellas” (Diario, 1684).

Acompaño frecuentemente a las almas agonizantes e impetro para ellas la confianza en la Divina Misericordia y suplico a Dios la magnanimidad de la gracia de Dios que siempre triunfa. La Divina Misericordia alcanza al pecador a veces en el último momento, de modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de la fuerte, y ultima, gracia divina se dirige a Dios en el último momento con tanta fuerza de amor que en ese ultimo momento obtiene de Dios [el perdón] de las culpas y de las penas, sin darnos por fuera alguna señal de arrepentimiento o de contrición, porque ya no reacciona a las cosas exteriores. ¡Oh qué insondable es la Divina Misericordia! Pero, ¡qué horror! También hay almas que rechazan voluntaria y conscientemente esta gracia y la desprecian. Aún ya en la agonía misma, Dios misericordioso da al alma un momento de lucidez interior y, si el alma quiere, tiene la posibilidad de volver a Dios. Pero a veces, en las almas hay una dureza tan grande que conscientemente eligen el infierno; frustran todas las oraciones que otras almas elevan a Dios por ellas e incluso los mismos esfuerzos de Dios” (Diario, 1698).

Para finalizar, os dejo uno de los muchos testimonios que Jesucristo transmitió a Santa Faustina Kowalska, en el que queda patente cómo actúa la gracia de su Divina Misericordia en cada alma:

Soy santo, tres veces santo y siento aversión por el menor pecado. No puedo amar al alma manchada por un pecado, pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella no conoce límites. Mi misericordia la abraza y justifica. Persigo a los pecadores con Mi misericordia en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando ellos vuelven a Mí. Olvido las amarguras que dieron a beber a Mi Corazón y Me alegro de su retorno. Di a los pecadores que ninguna escapará de Mis manos. Si huyen de Mi Corazón misericordioso, caerán en Mis manos justas. Di a los pecadores que siempre les espero, escucho atentamente el latir de sus corazones [para saber] cuándo latirán para Mí. Escribe que les hablo a través de los remordimientos de conciencia, a través de los fracasos y los sufrimientos, a través de las tormentas y los rayos, hablo con la voz de la Iglesia y si frustran todas Mis gracias, Me molesto con ellos dejándoles a sí mismos y les doy lo que desean” (Diario, 1728).

La misericordia en Santa Faustina Kowalska

En el post de hoy quiero hablaros de la conferencia dada por el Doctor en Teología, Saturnino López Santidrián, en el marco del XI Encuentro Nacional de la Divina Misericordia, que ha tenido lugar en Burgos este fin de semana.

Bajo el título La misericordia en Santa Faustina y precedentes en España, el ponente ha hecho un recorrido sobre las revelaciones privadas que Jesucristo le manifestó a Santa Faustina Kowalska entre 1931 y 1938, centrándose en los rasgos de Amor y Misericordia de Dios hacia el hombre, que son claves en el culto a la Divina Misericordia.

López ha destacado que el Amor de Dios se extiende hacia todo lo hecho, con una mayor generosidad para los pecadores que para los justos, de tal manera que cuanto mayor es la miseria de un alma y mayor es el pecador, tanto más derecho tiene a la misericordia de Dios.

Esta certeza fue recogida por Santa Faustina Kowalska en su Diario, la Divina Misericordia en mi alma, en el que plasmó los mensajes que Jesucristo le iba transmitiendo.

En su conferencia, López Santidrián ha hecho referencia a varios de estos pasajes, de los que os dejo el numeral para que podáis leerlos. Como es habitual, las palabras de Jesús aparecen remarcadas en negrita.

“Que los más grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: antes de venir como Juez Justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia…” (Diario, 1146).

Por otra parte, López Santidrián ha resaltado que la confianza es una parte esencial del culto a la Divina Misericordia y que es preciso manifestarla con humildad y deseo de arrepentimiento, tanto a Dios como al prójimo.

En esta misma línea, López ha asegurado que “dudar del Amor de Dios, no creer, no hacer caso de este Amor, es lo peor que se puede hacer, es un sacrilegio”. Precisamente, sobre el infinito Amor de Dios hacia el hombre, el ponente recuerda las palabras que Jesús pronuncia a Santa Faustina:

“Yo soy el Amor y la Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da (mi misericordia) aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273).

“Has de saber, Hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde en Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante (…). Antes el cielo y la tierra se vuelvan a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada” (Diario, 1777).

En cuanto a las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia que Jesucristo enseñó a Santa Faustina, López Santidrián destaca que la Imagen de Jesús Misericordioso fue el inicio de estas revelaciones privadas, ya que el 22 de febrero de 1931 Jesucristo le da el mandato de hacer pintar una imagen suya con la firma al pie de “Jesús, en Ti confío”.

En 1935, Jesús le dicta a Santa Faustina la oración de la Coronilla para implorar misericordia por uno mismo y por el mundo entero.

Entre 1937 y 1938, Jesucristo le transmitió a Santa Faustina su deseo de que se venerase la Hora de la Divina Misericordia, a las 3 de la tarde, que es la hora de su muerte en la Cruz.

Especialmente importante es la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, que Jesús pidió que se celebrara el primer domingo después de Pascua.

“Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a Mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia” (Diario, 699).

Por último, la Difusión de la Divina Misericordia engloba diversas promesas de Jesús para quienes propaguen la devoción a su Misericordia. Entre ellas, la protección de la persona durante toda su vida y actuar en la hora de la muerte como Salvador Misericordioso y no como Juez.

López Santidrián quiso concluir su ponencia citando una “visión profética” que la propia Santa Faustina menciona sobre su Diario, la Divina Misericordia en mi alma:

“Llegará un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto parecerá ser completamente destruida y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad. Ella (la obra) será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo. Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia” (Diario, 378).

Diálogos de Dios con el alma

Sor Faustina Kowalska recoge en su Diario, la Divina Misericordia en mi Alma, 5 diálogos entre Dios y el alma en sus distintas fases (el alma pecadora, desesperada, el alma que sufre, el alma que tiende a la perfección y el alma perfecta), que a continuación os transcribo por su interés. Podéis encontrarlos entre los numerales 1485 y 1489 del Diario.

Las palabras de Jesús están remarcadas en color negrita y os invito a leerlas con el corazón porque son realmente increíbles, capaces de traspasarlo y de llegarnos a lo más profundo de nuestro ser.

Sor Faustina se refiere a estos diálogos que ella misma mantiene con Jesús de la siguiente manera: “la Misericordia de Dios oculto en el Santísimo Sacramento; la voz del Señor que nos habla desde el trono de la misericordia: venid a Mí todos” (Diario, 1485).

Diálogo de Dios misericordioso con el alma pecadora

– Jesús: No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. ¡Oh, cuánto Me es querida tu alma! Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.

– El alma: Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.

– Jesús: Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.

– El alma: Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.

– Jesús: ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad no Me impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la Tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mí en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.

– El alma: Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.

– Jesús: Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la Tierra, por ti dejé clavarme en la Cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.

El alma: Con tu bondad has vencido, ¡oh Señor!, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tú Mismo por la mano de Tu representante. ¡Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma! Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonando más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi corazón, llena de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el hijo prodigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.

– Jesús: Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la Fuente de la Vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la Fuente de la Vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada (Diario, 1486)

– Jesús: ¡Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma! Pero, desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.

– Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso. En el alma se despierta la respuesta: Para mi ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún más densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.

Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciega, empieza a afirmarse en la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la última para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el más pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.

– Jesús: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.

– Jesús: ¡Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí! Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.

– El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.

– Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.

– El alma: Sin embargo, me invade el miedo tan solo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.

– Jesús: Has de saber, ¡oh alma!, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.

– El alma: ¡Oh Señor, sálvame Tú Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador! ¡Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón esta desgarrado, pero Tú, Señor!….

Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.

– Jesús: He aquí, ¡oh alma!, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.

– El alma: ¡Oh Señor!, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mí y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. ¡Oh Señor!, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia, animada por Tu bondad. Te expresaré todo el dolor de mi corazón.

– Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

– Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.

Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.

– El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. ¡Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí!

Diálogo de Dios misericordioso con el alma que sufre (Diario, 1487)

– Jesús: ¡Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo! Por eso te hablaré solo Yo. ¡Oh, Alma! Aunque tus sufrimientos fueran grandísimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime, niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, dímelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.

– El alma: Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.

– Jesús: Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?

– El alma: La falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacían los santos; además, no creen que estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?

– Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al Cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que este es el camino más corto y el más seguro.

– El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.

– Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mí, esta persecución es la señal de que sigues Mis huellas con fidelidad.

– El alma: Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mí.

– Jesús: Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades. Por eso Yo Mismo Me he quedado en la Tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mí que soy la Luz y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de enseñar ni iluminar así al alma? Has de saber además que por estas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad que te destino en el Cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de Mi Corazón.

– El alma: Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los momentos de mayor necesidad?

– Jesús: Niña Mía, haz el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mí, ¡oh Dios!, no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el Cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta Fuente de la Misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.

– El alma: Gracias, ¡oh Señor!, por Tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro donde vives con nosotros como Dios de la misericordia y difundes alrededor de Ti el resplandor de tu compasión y bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección (Diario, 1488)

– Jesús: Me son agradables tus esfuerzos, ¡oh alma que tiendes a la perfección! Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta tristeza y cuál es su causa?

– El alma: Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.

– Jesús: Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.

– El alma: Sí, lo sé todo, pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan en mí y además todo me irrita y desanima.

– Jesús: Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, sino venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.

– El alma: Yo reconozco lo que es más perfecto y que Te agrada más, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo que conozco.

– Jesús: Niña mía, la vida en la Tierra es una lucha y una gran lucha por Mi Reino, pero no tengas miedo, porque no estás sola. Yo te respaldo siempre, así que apóyate en Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de la Fuente de la Vida no solo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.

– El alma: ¡Oh Señor, siento que mi corazón se llena de Tu amor, que los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado mi alma! Heme aquí, Señor, que voy para responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.

Diálogo entre Dios misericordioso y el alma perfecta (Diario, 1489)

– El alma: Señor y Maestro mío, deseo hablar Contigo.

– Jesús: Habla, porque te escucho en todo momento, niña amada; te espero siempre. ¿De qué deseas hablar Conmigo?

– El alma: Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el perfume de agradecimiento por tantas gracias y beneficios de los cuales me colmas continuamente y los cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo solamente que no ha habido un solo momento en mi vida en que no haya experimentado Tu protección y Tu bondad.

– Jesús: Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento te abre nuevos tesoros de gracias, pero, niña Mía, hablemos quizás no tan generalmente, sino en detalles de lo que pesa más sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente como dos corazones que se aman mutuamente.

– El alma: ¡Oh mi Señor misericordioso!, hay secretos en mi corazón de los cuales no sabe ni sabrá nadie fuera de Ti, porque aunque quisiera decirlos nadie me comprendería. Tu representante sabe algo, dado que me confieso con él, pero tanto cuanto soy capaz de revelarle de estos secretos, lo demás queda entre nosotros por la eternidad. ¡Oh Señor mío! Me has cubierto con el manto de Tu misericordia perdonándome siempre los pecados. Ni una sola vez me has negado Tu perdón, sino que teniendo compasión por mí, me has colmado siempre de una vida nueva, la vida de la gracia. Para que no tenga dudas de nada, me has confiado a una cariñosa protección de Tu Iglesia, esta madre verdadera, tierna que en Tu nombre me afirma en las verdades de la fe y vigila que no yerre nunca. Y especialmente en el tribunal de Tu misericordia mi alma experimenta todo un mar de benevolencia. A los ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer penitencia, no les has prolongado el tiempo de la misericordia. ¡Oh Señor mío, en el camino de mi vida has puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía segura! Jesús, en mi vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más querido para mí, lo eres Tú Mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí está todo el secreto de mi santidad. Aquí mi corazón unido al tuyo se hace uno, aquí ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí la omnipotencia y el milagro de Tu misericordia. Aunque se unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encontrarían palabras suficientes para expresar este misterio del amor y de Tu misericordia insondable. Cuando considero este misterio del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y Te hablo de todo, Señor, callando, porque el lenguaje del amor es sin palabras, porque no se escapa ni un solo latido de mi corazón. ¡Oh Señor!, a pesar de que Te has humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi alma y por eso en mi alma se ha despertado un amor todavía más grande hacia Ti, el único objeto de mi amor, porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por fuera como pureza perfecta, humildad profunda, dulce mansedumbre, gran fervor por la salvación de las almas. ¡Oh mi dulcísimo Señor!, velas sobre mí en cada momento y me inspiras sobre cómo debo portarme en un caso dado; cuando mi corazón oscilaba entre una y otra cosa, Tú Mismo intervenías, más de una vez, en solucionar el asunto. ¡Oh, cuántas e innumerables veces, con una luz repentina me hiciste conocer lo que Te agradaba más! – ¡Oh, qué numerosos son estos perdones secretos de los cuales no sabe nadie! Muchas veces has volcado en mi alma fuerza y valor para avanzar. Tú Mismo eliminabas las dificultades de mi camino interviniendo directamente en la actuación de los hombres. ¡Oh Jesús!, todo lo que Te he dicho es una pálida sombra frente a la realidad que hay en mi corazón. ¡Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los pecadores! Tú sabes lo que hago por ellos para conquistarlos para Ti. Me duele enormemente cada ofensa hecha contra Ti. Tú sabes que no escatimo ni fuerzas, ni salud, ni vida en defensa de Tu Reino. Aunque en la Tierra mis esfuerzos son invisibles, pero no tienen menos valor a Tus ojos. ¡Oh Jesús!, deseo atraer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la vivificante agua de vida con el recipiente de la confianza. Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin límites. ¡Oh Señor mío!, que conoces cada latido de mi corazón, Tú sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la grandeza de Tu misericordia.

– Jesús: Hija Mía amadísima, delicia de Mi corazón, tu conversación Me es más querida y más agradable que el canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón están abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que necesites para ti y para el mundo entero. Por tu amor retiro los justos castigos que la humanidad se ha merecido. Un solo acto de amor puro hacia Mí, Me es más agradable que miles de himnos de almas imperfectas. Un solo suspiro de amor Me recompensa de tantos insultos con los cuales Me alimentan los impíos. Tu más pequeña acción, es decir, un acto de virtud adquiere a Mis ojos un valor inmenso y es por el gran amor que tienes por Mí. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo reino como en el Cielo. Mi ojo vela sobre ella día y noche y encuentro en ella Mi complacencia y Mi oído está atento a las súplicas y el murmullo de su corazón y muchas veces anticipo sus ruegos. ¡Oh niña amada por Mí particularmente, pupila de Mi ojo, descansa un momento junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual te regocijarás durante toda la eternidad!

Pero, hija, aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con Mi gracia y lucha por Mi Reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán los días del destierro y con ellos la oportunidad de adquirir méritos para el Cielo. Espero de ti, hija Mía, un gran número de almas que glorifiquen Mi misericordia durante toda la eternidad. Hija Mía, para que respondas dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la Santa Comunión – ella te dará fuerza….