Confianza en Jesús

No siempre es fácil mantener la esperanza cuando las cosas van mal. Nos venimos abajo con facilidad y no conseguimos ver la luz al final del túnel. Sin embargo, no olvidemos que Jesús camina a nuestro lado, precisamente cuando más le necesitamos.

Tener plena confianza en Jesús es lo que nos anima a seguir el camino y a no tener miedo, sabiendo que Él está presente, entre nosotros, dándonos fuerzas y consuelo para continuar.

Precisamente, Jesús nos habla de las múltiples gracias que concede a las almas que tienen plena confianza en Él, tal y como le reveló a sor Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia.

Solo Jesús puede dar paz completa a nuestros corazones. Confiemos en Él, aunque eso suponga derribar nuestros propios muros, los que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida y que tanto esfuerzo nos cuesta soltar.


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El Amigo que nunca falla

​El Amigo que Nunca Falla es un blog para dar a conocer el lado más humano de Jesucristo. Desde mi perspectiva católica, ofrezco una reflexión humilde sobre la figura de Jesús, sobre Su faceta cercana, próxima al hombre, que puede resultar poco conocida.

Jesús es el Amigo que nunca falla. Desea que nos acerquemos a Él sin miedo, que conversemos con Él como lo haríamos con nuestro mejor amigo: con confianza, contándole todo aquello que nos preocupa, nos duele, nos obsesiona o simplemente nos hace sufrir.

Jesús nos escucha siempre y nunca defrauda. Por eso es el Amigo que nunca falla. Siempre está dispuesto a salir a nuestro encuentro, a escucharnos y apoyarnos, especialmente en los peores momentos: esos en los que flaquean las fuerzas para seguir adelante, en los que hemos tirado la toalla o perdido toda esperanza por diversos motivos: una enfermedad, el duelo por un ser querido, un cargo de conciencia por algo que pudimos hacer por una persona y no hicimos…

En este punto, os animo a que cada uno de vosotros reflexione sobre su propia cruz, la que os entristece, os duele y no os deja vivir en paz. Jesús nos invita a compartir con Él nuestra cruz, a soportar ese peso con el Señor, dándonos fuerzas para continuar el camino con plena confianza en Su Amor, Bondad y Misericordia hacia nosotros.

Hablemos con Jesús sin miedo, con confianza, siendo conscientes de que siempre nos escucha y ayuda, transformando nuestro dolor en alegría, nuestro desconsuelo en tranquilidad y nuestros miedos en barreras caídas.

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