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La misericordia en Santa Faustina Kowalska

En el post de hoy quiero hablaros de la conferencia dada por el Doctor en Teología, Saturnino López Santidrián, en el marco del XI Encuentro Nacional de la Divina Misericordia, que ha tenido lugar en Burgos este fin de semana.

Bajo el título La misericordia en Santa Faustina y precedentes en España, el ponente ha hecho un recorrido sobre las revelaciones privadas que Jesucristo le manifestó a Santa Faustina Kowalska entre 1931 y 1938, centrándose en los rasgos de Amor y Misericordia de Dios hacia el hombre, que son claves en el culto a la Divina Misericordia.

López ha destacado que el Amor de Dios se extiende hacia todo lo hecho, con una mayor generosidad para los pecadores que para los justos, de tal manera que cuanto mayor es la miseria de un alma y mayor es el pecador, tanto más derecho tiene a la misericordia de Dios.

Esta certeza fue recogida por Santa Faustina Kowalska en su Diario, la Divina Misericordia en mi alma, en el que plasmó los mensajes que Jesucristo le iba transmitiendo.

En su conferencia, López Santidrián ha hecho referencia a varios de estos pasajes, de los que os dejo el numeral para que podáis leerlos. Como es habitual, las palabras de Jesús aparecen remarcadas en negrita.

“Que los más grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: antes de venir como Juez Justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia…” (Diario, 1146).

Por otra parte, López Santidrián ha resaltado que la confianza es una parte esencial del culto a la Divina Misericordia y que es preciso manifestarla con humildad y deseo de arrepentimiento, tanto a Dios como al prójimo.

En esta misma línea, López ha asegurado que “dudar del Amor de Dios, no creer, no hacer caso de este Amor, es lo peor que se puede hacer, es un sacrilegio”. Precisamente, sobre el infinito Amor de Dios hacia el hombre, el ponente recuerda las palabras que Jesús pronuncia a Santa Faustina:

“Yo soy el Amor y la Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da (mi misericordia) aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273).

“Has de saber, Hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde en Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante (…). Antes el cielo y la tierra se vuelvan a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada” (Diario, 1777).

En cuanto a las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia que Jesucristo enseñó a Santa Faustina, López Santidrián destaca que la Imagen de Jesús Misericordioso fue el inicio de estas revelaciones privadas, ya que el 22 de febrero de 1931 Jesucristo le da el mandato de hacer pintar una imagen suya con la firma al pie de “Jesús, en Ti confío”.

En 1935, Jesús le dicta a Santa Faustina la oración de la Coronilla para implorar misericordia por uno mismo y por el mundo entero.

Entre 1937 y 1938, Jesucristo le transmitió a Santa Faustina su deseo de que se venerase la Hora de la Divina Misericordia, a las 3 de la tarde, que es la hora de su muerte en la Cruz.

Especialmente importante es la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, que Jesús pidió que se celebrara el primer domingo después de Pascua.

“Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a Mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia” (Diario, 699).

Por último, la Difusión de la Divina Misericordia engloba diversas promesas de Jesús para quienes propaguen la devoción a su Misericordia. Entre ellas, la protección de la persona durante toda su vida y actuar en la hora de la muerte como Salvador Misericordioso y no como Juez.

López Santidrián quiso concluir su ponencia citando una “visión profética” que la propia Santa Faustina menciona sobre su Diario, la Divina Misericordia en mi alma:

“Llegará un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto parecerá ser completamente destruida y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad. Ella (la obra) será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo. Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia” (Diario, 378).

El 5 de octubre se cumple el 80 aniversario de la muerte de Santa Faustina Kowalska

El 5 de octubre se cumplen 80 años de la muerte de Santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, a quien Jesucristo se le apareció entre 1931 y 1938 con la misión de transmitir a todo el mundo un pilar de la fe cristiana frecuentemente olvidado: la infinita Misericordia, Bondad y Amor de Dios hacia el hombre.

El Señor le ordenó que dejara constancia por escrito de todas sus palabras, lo que dio origen al Diario, la Divina Misericordia en mi alma, que Sor Faustina redactó plasmando el testimonio directo de Jesús sobre las 5 nuevas formas de culto a la Divina Misericordia: la Imagen de Jesús Misericordioso, la Hora de la Misericordia, la oración de la Coronilla, la Fiesta de la Divina Misericordia y la Difusión del culto a la Divina Misericordia. Todas ellas contienen promesas concretas de Jesús para quienes las practiquen con absoluta confianza en Dios y con la exigencia de realizar obras de misericordia por el prójimo. Como siempre, os recomiendo su lectura y os resalto en color negrita las palabras de Jesucristo, junto con el numeral del Diario en el que podéis leerlas.

Precisamente, sobre la misión de Santa Faustina, Nuestro Señor afirma lo siguiente:

Hija Mía, exijo que todos los momentos libres los dediques a escribir de Mi bondad y misericordia; esta es tu misión y tu tarea en toda tu vida para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia…..” (Diario, 1567).

Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso de los castigos cuando Me obligan a ello. Mi mano resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia” (Diario, 1588).

Escribe sobre Mi bondad lo que te venga a la cabeza”. `Contesté: pero Señor, ¿si escribo demasiado? Y el Señor me respondió´: Hija Mía, aunque hablaras todas las lenguas de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable, apenas en una pequeña parte”.

`¡Oh, Jesús mío! Tú Mismo pon las palabras en mi boca para que pueda adorarte dignamente´.

Hija Mía, quédate tranquila, haz lo que te digo. Tus pensamientos están unidos a Mis pensamientos, pues escribe lo que te venga a la cabeza. Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo en ésta y en la vida futura. Quiero que así sea, a pesar de todos los obstáculos que te pondrán. Has de saber que no cambiará lo que Me agrada” (Diario, 1605).

Sor Faustina también reflexiona sobre la misión que le encomienda el Señor: “¡Oh, Jesús mío! Cada uno de Tus santos refleja en sí una de Tus virtudes, yo deseo reflejar Tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que Tu misericordia, ¡oh Jesús!, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. Glorificar Tu misericordia es la tarea exclusiva de mi vida” (Diario, 1242).

De hecho, Sor Faustina logró una estrecha unión de su alma con Dios, aunque también sufrió la lucha espiritual en su camino hacia la perfección cristiana. El Señor la colmó de gracias extraordinarias: los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, revelaciones, visiones, estigmas, así como los dones de profecía y de leer en las almas humanas.

Sobre su relación con Dios, Sor Faustina destaca que “ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios. Dios nunca violenta nuestro libre albedrío. De nosotros depende si queremos recibir la gracia de Dios o no; si vamos a colaborar con ella o la malgastamos” (Diario, 1107).

Además, Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores, experimentando diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar sus almas. En este sentido, anota en su Diario que “el sufrimiento es una gran gracia. A través del sufrimiento el alma se hace semejante al Salvador, el amor se cristaliza en el sufrimiento. Cuanto más grande es el sufrimiento, tanto más puro se hace el amor.” (Diario, 57).

En los últimos años de su vida, Sor Faustina desarrolló una tuberculosis que le atacó los pulmones y el sistema digestivo, falleciendo el 5 de octubre de 1938, a los 33 años de edad. Dos días después, su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la Comunidad, situado en el jardín de la Casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en Cracovia-Lagiewniki.

Posteriormente, el 25 de noviembre de 1966, durante el proceso informativo abierto para su beatificación, los restos mortales de Sor Faustina fueron trasladados a la capilla de la Congregación en Cracovia-Lagiewniki.

El 18 de abril de 1993, Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

Finalmente, el 30 de abril de 2000, la Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, convirtiéndose así en la primera santa en ser canonizada en el tercer milenio y en el año jubilar 2000.

El Papa Juan Pablo II declaró el segundo domingo de Pascua como el Domingo de la Misericordia Divina en el mundo entero, estableciendo así la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia que Jesucristo había reclamado a Sor Faustina.

Los primeros años de Sor Faustina

Santa Faustina nació el 25 de agosto de 1905 en la aldea de Glogowiec (Polonia), en el seno de una familia de campesinos, en la que ella era la tercera de diez hermanos. Fue bautizada con el nombre de Elena Kowalska.

Tal y como ella misma relata en su Diario, sintió la llamada de Dios a una edad muy temprana: “Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada. A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta. Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia. No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas” (Diario, 7).

En otro pasaje del Diario, anota lo siguiente: “¡Oh Jesús mío! Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ningún alma Te amó hasta ahora. Al principio estos eran mis deseos secretos, de los cuales sabía sólo Jesús. Hoy no los alcanzo a contener en el corazón, desearía gritar al mundo entero: amad a Dios, porque es bueno y su misericordia es grande” (Diario, 1372).

A los 18 años, sintió con fuerza la vocación religiosa, pidiendo permiso a sus padres para entrar en un convento, pero ellos se lo negaron. Sor Faustina explica que “después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque mi alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia eran para mí un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con distracciones. Evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas. Pero la gracia divina venció en mi alma” (Diario, 8).

Durante ese mismo año tuvo una experiencia que marcó su vida. Fue invitada a una fiesta junto con su hermana Josefina, en la ciudad de Lodz:

Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores. En el momento en que empecé a bailar, de repente vi a Jesús junto a mí. A Jesús martirizado, despojado de Sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras: ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?”. En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo. Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza. Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka. Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral. Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante” (Diario, 9).

Entonces oí esas palabras: “Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un convento”. Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia” (Diario, 10).

Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo: ¿Qué hacer? ¿A dónde dirigirme si no conocía a nadie? Y dije a la Madre de Dios: María, dirígeme, guíame. Inmediatamente oí en el alma estas palabras: que saliera de la ciudad a una aldea donde pasaría una noche tranquila. Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho” (Diario, 11).

Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de Dios. Las Santas Misas seguían una tras otra. Durante una oí estas palabras: “Ve a hablar con este sacerdote y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante”. Terminada la Santa Misa fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar” (Diario, 12).

Al principio el sacerdote se sorprendió, pero me recomendó confiar mucho en que Dios lo arreglaría. Entretanto yo te mandaré a casa de una señora piadosa, donde tendrás alojamiento hasta que entres en un convento. Cuando me presenté en su casa, la señora me recibió con gran amabilidad. Empecé a buscar un convento, pero donde llamaba me despedían. El dolor traspasó mi corazón y dije al Señor: ayúdame, no me dejes sola. Por fin llamé a nuestra puerta” (Diario, 13).

“Cuando salió a mi encuentro la Madre Superiora, la actual Madre General Micaela, tras una breve conversación, me ordenó ir al Dueño de la casa y preguntarle si me recibía. En seguida comprendí que debía preguntar al Señor Jesús. Muy feliz fui a la capilla y pregunté a Jesús: Dueño de esta casa, ¿me recibes? Una de las hermanas de esta casa me ha dicho que Te lo pregunte”.

En seguida oí esta voz: Te recibo, estás en Mi Corazón”. Cuando regresé de la capilla, la Madre Superiora, primero me preguntó: `Pues bien, ¿te ha recibido el Señor?´ Contesté que sí. `Si el Señor te ha recibido, yo también te recibo´ (Diario, 14).

Tal fue mi ingreso. Sin embargo, por varias razones, más de un año tuve que estar en el mundo, en casa de esta piadosa señora, pero no volví ya a mi casa. En aquella época tuve que luchar contra muchas dificultades, sin embargo Dios no me escatimaba en Su gracia. Mi añoranza de Dios se hacía cada vez más grande” (Diario, 15).

Entonces, me dirigí a Dios con toda mi alma sedienta de Él. Eso fue durante la Octava de Corpus Cristi. Dios llenó mi alma con la luz interior para que lo conociera más profundamente como el bien y la belleza supremos. Comprendí cuánto Dios me amaba. Es eterno Su amor hacia mí. Eso fue durante las vísperas. Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios el voto de castidad perpetua. A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo. En aquel momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús” (Diario, 16).

Por fin, llegó el momento cuando se abrió para mí la puerta del convento. Eso fue el primero de agosto, al anochecer, en vísperas de la fiesta de la Madre de Dios de los Ángeles. Me sentía sumamente feliz, me pareció que entré en la vida del paraíso. De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias” (Diario, 17).

Elena Kowalska se refiere en este punto a que fue aceptada el 1 de agosto de 1925 en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Varsovia.

Sin embargo, prosigue su relato contanto lo siguiente: “tres semanas después vi que aquí había muy poco tiempo para la oración y que muchas otras cosas me empujaban interiormente a entrar en un convento de regla más estricta. Esta idea se clavó en mi alma, pero no había en ella la voluntad de Dios. No obstante, la idea, es decir la tentación, se hacia cada vez más fuerte hasta que un día decidí hablar con la Madre Superiora y salir decididamente. Pero Dios guió las circunstancias de tal modo que no pude hablar con la Madre Superiora. Antes de acostarme, entré en una pequeña capilla y pedí a Jesús la luz en esta cuestión, pero no recibí nada en el alma, solo me llenó una extraña inquietud que no llegaba a comprender. A pesar de todo decidí que a la mañana siguiente, después de la Santa Misa, le comunicaría a la Madre Superiora mi decisión” (Diario, 18).

Volví a la celda, las hermanas estaban ya acostadas y la luz apagada. No sabia qué hacer conmigo. Me tiré al suelo y empecé a rezar con fervor para conocer la voluntad de Dios. En todas partes había un silencio como en el tabernáculo. Después de un momento, en mi celda se hizo luz y en la cortina vi el rostro muy dolorido del Señor Jesús. Había llagas abiertas en todo el rostro y dos grandes lágrimas caían en la sobrecama. Sin saber lo que todo eso significaba, pregunté a Jesús: Jesús, ¿quién te ha causado tanto dolor? Y Jesús contestó: Tú Me vas a herir dolorosamente si sales de este convento. Te llamé aquí y no a otro lugar y te tengo preparadas muchas gracias”. Pedí perdón al Señor Jesús e inmediatamente cambié la decisión que había tomado.

Al día siguiente fue día de confesión. Conté todo lo que había ocurrido en mi alma, y el confesor me contestó que había en ello una clara voluntad de Dios que debía quedarme en esta Congregación y que ni siquiera podía pensar en otro convento. A partir de aquel momento me siento siempre feliz y contenta” (Diario, 19).

El 30 de abril de 1926 recibirá el hábito y el nombre religioso de Sor María Faustina.

Para concluir este post, os dejo una de las reflexiones que Santa Faustina Kowalska escribe sobre la inmensidad de su misión, ya que es un auténtico alegato para que las almas tengan plena confianza en la Divina Misericordia de Jesucristo:

¡No te olvidaré, pobre Tierra!, aunque siento que me sumergiré inmediatamente toda en Dios, como en un océano de felicidad, eso no me impedirá volver a la Tierra y dar ánimo a las almas e invitarlas a confiar en la Divina Misericordia. Al contrario, esa inmersión en Dios me dará unas posibilidades ilimitadas de obrar” (Diario, 1582).

Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Fiesta de la Divina Misericordia

El Papa Francisco ha presidido en la Plaza de San Pedro una Misa con motivo de la Fiesta de la Divina Misericordia, que el propio Jesucristo ordenó celebrar en el mundo entero el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, tal y como le transmitió a Sor Faustina Kowalska en 1931.

La Fiesta tiene el rango más alto de entre todas las formas de culto a la Divina Misericordia, debido a la magnitud de las promesas que Jesús reveló a Sor Faustina.

A continuación, os dejo el texto completo de la homilía del Papa Francisco, en las que el Sumo Pontífice ha destacado que la misericordia de Dios es más grande que la miseria del hombre “porque Él es misericordia y obra maravillas en nuestras miserias”.

En el Evangelio de hoy aparece varias veces el verbo ver: «Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20,20); luego, dijeron a Tomás: «Hemos visto al Señor» (v. 25). Pero el Evangelio no describe al Resucitado ni cómo lo vieron; sólo hace notar un detalle: «Les enseñó las manos y el costado» (v. 20). Es como si quisiera decirnos que los discípulos reconocieron a Jesús de ese modo: a través de sus llagas. Lo mismo sucedió a Tomás; también él quería ver «en sus manos la señal de los clavos» (v. 25) y después de haber visto creyó (v. 27).

A pesar de su incredulidad, debemos agradecer a Tomás que no se conformara con escuchar a los demás decir que Jesús estaba vivo, ni tampoco con verlo en carne y hueso, sino que quiso ver en profundidad, tocar sus heridas, los signos de su amor. El Evangelio llama a Tomás «Dídimo» (v. 24), es decir, mellizo, y en su actitud es verdaderamente nuestro hermano mellizo. Porque tampoco para nosotros es suficiente saber que Dios existe; no nos llena la vida un Dios resucitado pero lejano; no nos atrae un Dios distante, por más que sea justo y santo. No, tenemos también la necesidad de “ver a Dios”, de palpar que él ha resucitado por nosotros.

¿Cómo podemos verlo? Como los discípulos, a través de sus llagas. Al mirarlas, ellos comprendieron que su amor no era una farsa y que los perdonaba, a pesar de que estuviera entre ellos quien lo renegó y quien lo abandonó. Entrar en sus llagas es contemplar el amor inmenso que brota de su corazón. Es entender que su corazón palpita por mí, por ti, por cada uno de nosotros. Queridos hermanos y hermanas: Podemos considerarnos y llamarnos cristianos, y hablar de los grandes valores de la fe, pero, como los discípulos, necesitamos ver a Jesús tocando su amor. Sólo así vamos al corazón de la fe y encontramos, como los discípulos, una paz y una alegría (cf. vv. 19- 20) que son más sólidas que cualquier duda.

Tomás, después de haber visto las llagas del Señor, exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 28). Quisiera llamar la atención sobre este adjetivo que Tomás repite: mío. Es un adjetivo posesivo y, si reflexionamos, podría parecer fuera de lugar atribuirlo a Dios: ¿Cómo puede Dios ser mío? ¿Cómo puedo hacer mío al Omnipotente? En realidad, diciendo mío no profanamos a Dios, sino que honramos su misericordia, porque Él es el que ha querido hacerse nuestro. Y como en una historia de amor, le decimos: Te hiciste hombre por mí, moriste y resucitaste por mí, y entonces no eres sólo Dios; eres mi Dios, eres mi vida. En ti he encontrado el amor que buscaba y mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.

Dios no se ofende de ser nuestro, porque el amor pide intimidad, la misericordia suplica confianza. Cuando Dios comenzó a dar los diez mandamientos ya decía: «Yo soy el Señor, tu Dios» (Ex 20,2) y reiteraba: «Yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso» (v. 5). He aquí la propuesta de Dios, amante celoso que se presenta como tu Dios. Y la respuesta brota del corazón conmovido de Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Entrando hoy en el misterio de Dios a través de las llagas, comprendemos que la misericordia no es una entre otras cualidades suyas, sino el latido mismo de su corazón. Y entonces, como Tomás, no vivimos más como discípulos inseguros, devotos pero vacilantes, sino que nos convertimos también en verdaderos enamorados del Señor.

¿Cómo saborear este amor, cómo tocar hoy con la mano la misericordia de Jesús? Nos lo sugiere el Evangelio, cuando pone en evidencia que la misma noche de Pascua (cf. v. 19), lo primero que hizo Jesús apenas resucitado fue dar el Espíritu para perdonar los pecados. Para experimentar el amor hay que pasar por allí: dejarse perdonar. Pero ir a confesarse parece difícil, porque nos viene la tentación ante Dios de hacer como los discípulos en el Evangelio: atrincherarnos con las puertas cerradas. Ellos lo hacían por miedo y nosotros también tenemos miedo, vergüenza de abrirnos y decir los pecados. Que el Señor nos conceda la gracia de comprender la vergüenza, de no considerarla como una puerta cerrada, sino como el primer paso del encuentro. Cuando sentimos vergüenza, debemos estar agradecidos: quiere decir que no aceptamos el mal, y esto es bueno. La vergüenza es una invitación secreta del alma que necesita del Señor para vencer el mal. El drama está cuando no nos avergonzamos ya de nada. No tengamos miedo de sentir vergüenza. Pasemos de la vergüenza al perdón.

Existe, en cambio, una puerta cerrada ante el perdón del Señor, la de la resignación. La experimentaron los discípulos, que en la Pascua constataban amargamente que todo había vuelto a ser como antes. Estaban todavía allí, en Jerusalén, desalentados; el capítulo Jesús parecía terminado y después de tanto tiempo con Él nada había cambiado. También nosotros podemos pensar: Soy cristiano desde hace mucho tiempo y, sin embargo, no cambia nada, cometo siempre los mismos pecados. Entonces, desalentados, renunciamos a la misericordia. Pero el Señor nos interpela: “¿No crees que mi misericordia es más grande que tu miseria? ¿Eres reincidente en pecar? Sé reincidente en pedir misericordia, y veremos quién gana”. Además —quien conoce el sacramento del perdón lo sabe—, no es cierto que todo sigue como antes. En cada perdón somos renovados, animados, porque nos sentimos cada vez más amados. Y cuando siendo amados caemos, sentimos más dolor que antes. Es un dolor benéfico, que lentamente nos separa del pecado. Descubrimos entonces que la fuerza de la vida es recibir el perdón de Dios y seguir adelante, de perdón en perdón.

Además de la vergüenza y la resignación, hay otra puerta cerrada, a veces blindada: nuestro pecado. Cuando cometo un pecado grande, si yo —con toda honestidad— no quiero perdonarme, ¿por qué debe hacerlo Dios? Esta puerta, sin embargo, está cerrada sólo de una parte, la nuestra; que para Dios nunca es infranqueable. A Él, como enseña el Evangelio, le gusta entrar precisamente “con las puertas cerradas”, cuando todo acceso parece bloqueado. Allí Dios obra maravillas. Él no decide jamás separarse de nosotros, somos nosotros los que le dejamos fuera. Pero cuando nos confesamos acontece lo inaudito: descubrimos que precisamente ese pecado, que nos mantenía alejados del Señor, se convierte en el lugar del encuentro con Él. Allí, el Dios herido de amor sale al encuentro de nuestras heridas. Y hace que nuestras llagas miserables sean similares a sus llagas gloriosas. Porque Él es misericordia y obra maravillas en nuestras miserias. Pidamos hoy como Tomás la gracia de reconocer a nuestro Dios, de encontrar en su perdón nuestra alegría, en su misericordia nuestra esperanza.

El domingo 8 de abril se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia

Hoy hemos celebrado el Domingo de Resurrección, el eje central de la fe católica. Jesús ha resucitado de entre los muertos y ya nunca más caminamos solos porque el Señor permanece siempre a nuestro lado. Celebramos la esperanza de resucitar a través de Jesucristo, que nos brinda la alegría de la vida eterna.

La Resurrección de Cristo también es una invitación a transformar nuestra forma de afrontar las dificultades de la vida, ya que tenemos la certeza de que Jesús nos acompaña en nuestro día a día y a través de Él podemos buscar la gracia de renacer a un nuevo enfoque de vida, sin tristeza ni desesperanza.

El próximo domingo 8 de abril también es motivo de alegría para los católicos, ya que se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, que el propio Jesucristo ordenó celebrar en el mundo entero el primer domingo tras la Pascua de Resurrección, tal y como le transmitió a Sor Faustina Kowalska en 1931.

El testimonio de Jesús fue recogido por Sor Faustina en el Diario, la Divina Misericordia en mi Alma. A lo largo de este post, os he remarcado en negrita las palabras de Jesús, indicando también el numeral exacto del Diario donde podéis leerlas.

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene el rango más alto de entre todas las formas de culto a la Divina Misericordia, debido a la magnitud de las promesas que Jesús reveló a Sor Faustina.

Su celebración está vinculada a la devoción de la imagen de la Divina Misericordia, ya que ese día, según el mandato del propio Jesucristo, la imagen de Jesús Misericordioso que le había ordenado pintar ha de estar expuesta en todas las iglesias, para que el mundo entero conozca la infinita Misericordia de Dios hacia el hombre, al que ama sin límites, deseando su salvación eterna. Por ello, Jesús quiere que los pecadores se acerquen a Él sin miedo, con plena confianza en su infinita Misericordia.

Cuando Sor Faustina le pregunta a Jesús el motivo por el que desea que se celebre la Fiesta de la Divina Misericordia, el Señor le responde lo siguiente: “¿Quién, de entre la gente, sabe de ella? Nadie. Y hasta aquellos que han de proclamarla y enseñar a la gente esta misericordia, muchas veces ellos mismos no lo saben; por eso quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se la venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella” (Diario, 341).

Hija Mía, di que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero” (Diario, 1517).

Las promesas de Jesús

En los siguientes numerales del Diario quedan recogidas las promesas de Jesús para quienes celebren la Fiesta de la Divina Misericordia según sus indicaciones.

Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia” (Diario, 699).

Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia, recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré” (Diario, 206).

Escribe lo que te diré: No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita. Te nombro dispensadora de Mi misericordia. Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la iglesia y no en el convento dentro de la clausura. Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570).

Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá” (Diario, 420).

El significado de la Imagen de Jesús Misericordioso

El propio Jesucristo le explica a Sor Faustina Kowalska el significado de los dos rayos que se ven en la Imagen de la Divina Misericordia que Él le ordenó pintar.

Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia” (Diario, 299).

Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia” (Diario, 301).

Obras de misericordia

Jesús le indica a Sor Faustina la exigencia de ser misericordioso con el prójimo y cuáles son las tres formas de realizar obras de misericordia. Esta exigencia se extiende a toda la humanidad.

“Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción, la segunda – la palabra, la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia. Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742).

Decreto de la Iglesia

Además, para conseguir la indulgencia plenaria en la Fiesta de la Divina Misericordia, la Iglesia Católica instituyó en un Decreto la necesidad de orar ese día por las intenciones del Sumo Pontífice, indicando lo siguiente:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”). Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

La Fiesta de la Divina Misericordia

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene el rango más alto de entre todas las formas de culto a la Divina Misericordia, debido a la magnitud de las promesas que Jesús reveló a Sor Faustina Kowalska, y a su posición en el calendario litúrgico de la Iglesia, al celebrarse el primer domingo tras la Pascua de Resurrección.

La celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia está estrechamente unida a la devoción de la imagen de la Divina Misericordia, ya que ese día, según el mandato que Jesucristo le transmitió a Sor Faustina en 1931, la imagen de Jesús Misericordioso que le había ordenado pintar ha de estar expuesta en todas las iglesias, para que el mundo entero conozca la infinita Misericordia de Dios hacia el hombre, al que ama sin límites, deseando su salvación eterna. Por ello, Jesús quiere que los pecadores se acerquen a Él sin miedo, con plena confianza en su infinita Misericordia.

Las palabras de Jesús fueron recogidas por Sor Faustina en su Diario, la Divina Misericordia en mi Alma. Al igual que en anteriores posts, os dejo el numeral exacto del Diario donde podéis leer el testimonio de Jesús, que os muestro remarcado en negrita.

Sor Faustina relata que al salir del confesionario escuchó estas palabras: Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia” (Diario, 49).

Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de Pascua de Resurrección. Ese domingo es la Fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado doy a conocer el abismo de Mi misericordia” (Diario, 88).

Motivos de la Fiesta

Al ser preguntado por Sor Faustina sobre el motivo por el que quería que se hablara de esta Fiesta, el propio Jesús le transmite el desconocimiento que existe de la Fiesta de la Misericordia.

¿Quién, de entre la gente, sabe de ella? Nadie. Y hasta aquellos que han de proclamarla y enseñar a la gente esta misericordia, muchas veces ellos mismos no lo saben; por eso quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se la venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella” (Diario, 341).

Además, Jesús le hizo saber a Sor Faustina por qué deseaba la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia.

Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia” (Diario, 965).

Las promesas de Jesús

Los siguientes numerales del Diario tienen una gran importancia, ya que recogen las promesas de Jesús para quienes celebren la Fiesta de la Divina Misericordia según sus indicaciones.

Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia” (Diario, 699).

Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia, recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré” (Diario, 206).

Escribe lo que te diré: No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita. Te nombro dispensadora de Mi misericordia. Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la iglesia y no en el convento dentro de la clausura. Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570).

Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá” (Diario, 420).

Los dos rayos de la Imagen de Jesús Misericordioso

Sor Faustina le pregunta a Jesús qué significado tienen los dos rayos que se ven en la imagen de Jesús Misericordioso que el Señor le ordenó pintar. Su respuesta fue la siguiente:

Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia” (Diario, 299).

Pide a Mi siervo fiel que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia. Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad. Mi Corazón se alegra de este titulo de misericordia” (Diario, 300).

Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia” (Diario, 301).

Obras de misericordia

Jesús le indica a Sor Faustina la exigencia de ser misericordioso con el prójimo y cuáles son las tres formas de realizar obras de misericordia. Esta exigencia se extiende a toda la humanidad.

Hija Mía, si por medio de ti exijo de los hombres el culto a Mi misericordia, tú debes ser la primera en distinguirte por la confianza en Mi misericordia. Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte.

Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción, la segunda – la palabra, la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia. Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742).

Amor infinito de Dios

En su Diario, Sor Faustina reflexiona sobre el amor que Dios siente hacia el hombre. “Oh, si las almas quisieran comprender cuánto Dios las ama. Todas las comparaciones así sean las más tiernas y las más fuertes son apenas una pálida sombra frente a la realidad” (Diario, 1073).

Asimismo, recoge varios testimonios de Jesús sobre esta certeza:

Diles a las almas, hija Mía, que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi Padre” (Diario, 1516).

Hija Mía, di que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero” (Diario, 1517).

La Novena de preparación

El Señor le pide a Sor Faustina preparar la Fiesta de la Divina Misericordia por medio de una Novena que consiste en el rezo de la Coronilla que le había enseñado previamente.

Jesús me ordena hacer una novena antes de la Fiesta de la Misericordia y debo empezarla hoy por la conversión del mundo entero y para que se conozca la Divina Misericordia”. Para que cada alma exalte Mi bondad. Deseo la confianza de Mis criaturas, invita a las almas a una gran confianza en Mi misericordia insondable. Que no tema acercarse a Mí el alma débil, pecadora y aunque tuviera más pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de Mi misericordia” (Diario, 1059).

El Señor me dijo rezar esta coronilla durante nueve días antes de la Fiesta de la Misericordia. Debe iniciarse el Viernes Santo”. Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario, 796).

Además de esta novena de coronillas, Jesús le dicta a Sor Faustina una Novena especial para su uso personal (Diario, 1209 a 1229). La novena, como pide el Señor, debe iniciarse el Viernes Santo.

Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de Mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de Mi misericordia. Y a todas estas almas Yo las introduciré en la casa de Mi Padre. Lo harás en esta vida y en la vida futura. Y no rehusaré nada a ningún alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia. Cada día pedirás a Mi Padre las gracias para estas almas por Mi amarga Pasión”.

Contesté: Jesús, no sé como hacer esta novena y qué almas introducir primero en Tu muy misericordioso Corazón. Y Jesús me contestó que me diría, día por día, qué almas debía introducir en Su Corazón” (Diario, 1209).

Por tanto, quien quiera preparar la Fiesta de la Divina Misericordia puede unir el rezo de la Novena de Coronillas con el de la Novena especial dictada por Jesús a Sor Faustina. En cualquier caso, la Novena, como pide Jesús, debe iniciarse el Viernes Santo.

Domingo, 8 de abril

Este año, la Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el domingo 8 de abril. Jesucristo nos está brindando un regalo maravilloso, propio de su Misericordia sin límites: el perdón total de las culpas y penas.

A quienes se sientan arrepentidos por sus pecados, Jesús les invita a acercarse a Él sin miedo, con plena confianza en su Misericordia, confesarse sacramentalmente y recibir la Santa Comunión. Jesús también nos pide realizar obras de misericordia con el prójimo.

Además, para conseguir la indulgencia plenaria, la Iglesia Católica instituyó en un Decreto la necesidad de orar ese día por las intenciones del Sumo Pontífice, indicando lo siguiente:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”). Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

La Coronilla de la Divina Misericordia

Tras escribir sobre la Imagen de la Divina Misericordia y la Hora de la Misericordia, en el post de hoy quiero continuar con esta serie de artículos dedicados a explicar las 5 formas de culto a la Divina Misericordia.

Hoy me ocupo de la Coronilla de la Divina Misericordia, que es la oración que el mismo Jesucristo dictó a Sor Faustina Kowalska en 1935 en Vilna. Sus palabras textuales quedaron recogidas en su “Diario, la Divina Misericordia en mi Alma”, cuyo enlace os dejo para que podáis leerlo. Además, al igual que hice en los posts anteriores, he resaltado en negrita las palabras de Nuestro Señor, indicando el numeral del Diario en el que pueden leerse.

Sor Faustina explica en su Diario cómo Jesús le enseñó el modo de rezar la coronilla: “con un rosario común, del modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre Nuestro y el Ave María y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre Nuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero” (Diario, 476).

En distintos pasajes de su Diario, Sor Faustina hace referencia a las promesas que el Señor le reveló para quienes rezasen la coronilla. “Reza incesantemente esta coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia” (Diario, 687).

“A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte” (Diario, 754).

“Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo” (Diario, 811).

“Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta coronilla. Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el Día de la Justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos” (Diario, 848).

“Diles a las almas, hija Mía, que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi Padre” (Diario, 1516).

“Hija Mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso” (Diario, 1541).

“A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad” (Diario, 1731).

En efecto, la coronilla es una oración especial para los moribundos, tal y como Nuestro Señor le hizo saber a Sor Faustina, quien lo reflejó en distintos pasajes de su Diario:

“Al día siguiente, pasado ya el mediodía, cuando entré en la sala vi a una persona agonizante y supe que la agonía había empezado en la noche. Después de haberlo verificado supe que había sido cuando se me pidió rezar. De repente oí en el alma la voz: “Reza la coronilla que te he enseñado”. Corrí a buscar el rosario y me arrodillé junto a la agonizante y con todo el ardor de mi espíritu me puse a rezar esta coronilla. De súbito la agonizante abrió los ojos y me miró, y no alcancé a rezar toda la coronilla porque ella murió con una misteriosa serenidad. Pedí ardientemente al Señor que cumpliera la promesa que me había dado por rezar la coronilla. El Señor me hizo saber que aquella alma recibió la gracia que el Señor me había prometido. Aquella alma fue la primera en experimentar la promesa del Señor. Sentí cómo la fortaleza de la misericordia cubría aquella alma” (Diario, 810).

“Cuando entré por un momento en la capilla, el Señor me dijo: “Hija Mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante; reza por él esta coronilla que te he enseñado”. Al empezar a rezar la coronilla, vi a aquel moribundo entre terribles tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como impotente ante la gran miseria de aquella alma; una multitud de demonios estaba esperando aquella alma. Mientras rezaba la coronilla, vi a Jesús tal y como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron en pánico. El enfermo expiró sereno. Cuando volví en mi, comprendí la importancia que tiene esta coronilla rezada junto a los agonizantes, ella aplaca la ira de Dios” (Diario, 1565).

“Y el Señor me dijo quién sostiene la existencia de la humanidad: son las almas elegidas. Cuando acabe el número de los elegidos, el mundo dejará de existir” (Diario, 926).

“A menudo acompaño al alma agonizante a gran distancia, pero experimento la mayor alegría al ver que sobre esas almas se realiza la promesa de la misericordia. El Señor es fiel, lo que dice una vez, lo cumple” (Diario, 935).

“Cuánto deberíamos rezar por los agonizantes; aprovechemos la misericordia mientras es el tiempo de compasión” (Diario, 1035).

“Conozco cada vez mejor cuánto necesita cada alma la Divina Misericordia durante toda la vida, pero especialmente en la hora de la muerte. Esta coronilla es para aplacar la ira divina, según me ha dicho el [Señor] Mismo” (Diario, 1036).

“Y el Señor me ha dado a conocer que a través de esta oración se puede obtener todo” (Diario, 1128).

“Conocí también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la coronilla” (Diario, 1791).

“Hoy el Señor entró en mi [habitación] y me dijo: “Hija Mía, ayúdame a salvar las almas. Irás a casa de un pecador agonizante y rezarás esta coronilla con lo cual obtendrás para él la confianza en Mi misericordia, porque ya está en la desesperación” (Diario, 1797).

Sor Faustina también explica otra forma distinta de rezar la coronilla. Se trata de la Novena de la Divina Misericordia, cuya realización también incluye una promesa de Jesucristo: “El Señor me dijo rezar esta coronilla durante nueve días antes de la Fiesta de la Misericordia. Debe iniciarse el Viernes Santo”. “Durante este novenario concederé a las almas toda clase de gracias” (Diario, 796).

En mi próximo post, dedicado a la Fiesta de la Divina Misericordia, explicaré con más detalle la vinculación entre la Novena de la Divina Misericordia y esta Fiesta tan importante en el calendario litúrgico.

Enlaces de interés

Texto de la Coronilla de la Divina Misericordia.

Cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia.

Lectura recomendada: “La Divina Misericordia prepara al mundo”

Acaba de publicarse el libro La Divina Misericordia prepara al mundo, del Padre Mauro Carlorosi, sacerdote del Oratorio de San Felipe Neri en Mercedes (Argentina) y experto en la difusión de Jesús Misericordioso.

La obra, publicada por la editorial Voz de Papel, resume los mensajes centrales que el propio Jesucristo reveló a Santa Faustina Kowalska entre 1931 y 1938 para dar a conocer el Amor, la Bondad y la Misericordia infinita de Dios hacia el hombre, que quedarían plasmados en su Diario, la Divina Misericordia en Mi Alma.

De fácil lectura, esta obra ayuda a comprender el mensaje de Jesucristo al mundo, para que sea reconocido como Dios de Bondad y Misericordia sin límites, animando a toda persona a acercarse a Él con confianza y sin miedo.

El libro profundiza en el culto que Dios pide a su Misericordia, cuyos ejes centrales son la confianza en Dios y las obras de misericordia hacia el prójimo.

El autor dedica un análisis a cada una de las 5 formas exteriores de dar culto a la Divina Misericordia, que Jesucristo enseñó a Santa Faustina Kowalska: la Imagen de Jesús Misericordioso, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Hora de la Divina Misericordia y la Difusión de la Divina Misericordia. Todas ellas, con importantes promesas de Jesucristo para quien las practique.

El libro también analiza la preparación de la Divina Misericordia para la Segunda Venida de Jesucristo, anticipándose como Salvador Misericordioso en el Juicio Final.

Sin duda, esta obra es de obligada lectura para quienes desconozcan las revelaciones de Jesucristo a Santa Faustina Kowalska, de una gran trascendencia para comprender la certeza de que Nuestro Señor actúa como Salvador Misericordioso y no como Justo Juez con quienes se arrepienten de corazón.

Jesucristo quiso transmitir al mundo su infinita Misericordia por el hombre, especialmente con quienes se sienten pecadores, para que acudan a Él sin miedo, con la confianza de obtener la gracia de su Misericordia sin límites.

Para más información:

www.preparaalmundo.com