Etiqueta: Cruz

La Difusión de la Divina Misericordia

Tras haber escrito en los posts anteriores sobre la Imagen de Jesús Misericordioso, la Hora de la Misericordia, la Coronilla y la Fiesta de la Divina Misericordia, en el post de hoy quiero centrarme en la última de las formas de culto a la Divina Misericordia, que consiste en su Difusión.

Como siempre, haré referencia a las revelaciones que Jesucristo transmitió a Sor Faustina Kowalska y que quedaron plasmadas en su Diario, la Divina Misericordia en Mi Alma, que de nuevo os invito a leer, dada su trascendencia. Encontraréis las palabras de Jesús remarcadas en color negrita, con indicación del numeral del Diario en las que podéis leerlas.

Las promesas de la difusión

Sor Faustina Kowalska relata en su Diario que Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos los que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión” (Diario, 378).

Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia” (Diario, 379).

En otro pasaje del Diario, Sor Faustina cuenta que escuchó estas palabras cuando fue a la adoración:

Hija Mía amada, apunta estas palabras: Mi Corazón ha descansado hoy en este convento. Habla al mundo de Mi misericordia, de Mi amor.

Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. ¡Oh, qué dolor Me dan cuando no quieren aceptarlas!

Hija mía, haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz.

Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas” (Diario, 1074).

A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa [protege] a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esta última hora el alma no tiene nada en su defensa fuera de Mi misericordia. Feliz el alma que durante la vida se ha sumergido en la Fuente de la Misericordia, porque no la alcanzará la justicia” (Diario, 1075).

Sor Faustina narra en su Diario que el Señor le dijo: “Escribe, hija Mía, estas palabras: Todas las almas que adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate” (Diario, 1540).

Hija Mía, no dejes de proclamar Mi misericordia para aliviar Mi Corazón, que arde del fuego de compasión por los pecadores. Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario, 1521).

Confianza en la Divina Misericordia

A lo largo del Diario, Sor Faustina va escribiendo todas las revelaciones que Jesús le transmite sobre su Divina Misericordia y el deseo que Nuestro Señor tiene de que todas las almas confíen plenamente en su Infinita Misericordia.

En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia. Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel” (Diario, 723).

Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como Juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia” (Diario, 1146).

Hija Mía, deleite y complacencia Mía, nada Me detendrá en concederte gracias. Tu miseria no es un obstáculo para Mi misericordia. Hija Mía, escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e [invita] a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna” (Diario, 1182).

De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas. Me queman las llamas de compasión, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Habla al mundo entero de Mi misericordia” (Diario, 1190).

Hija Mía, ¿crees, quizá, que hayas escrito suficiente sobre Mi misericordia? Lo que has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo soy el Amor y la Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da [mi misericordia] aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273).

Secretaria Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la tierra…. Por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercase a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia” (Diario, 1275).

Has de saber que cada vez que vienes a Mí humillándote y pidiendo perdón, Yo derramo sobre tu alma una inmensidad de gracias y tu imperfección desaparece ante Mí y veo solamente tu amor y tu humildad. No pierdes nada, sino que ganas mucho” (Diario, 1293).

He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina” (Diario, 1520).

Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia” (Diario, 1577).

Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones” (Diario, 1578).

Has de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante. Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas. Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza, quienes la tienen muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración. Tú conoces todo el abismo de Mi misericordia, entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada” (Diario, 1777).

¡Cuánto deseo la salvación de las almas! Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo” (Diario, 1784).

Escribe: Todo lo que existe está encerrado en las entrañas de Mi misericordia más profundamente que un niño en el seno de la madre. ¡Cuán dolosamente Me hiere la desconfianza en Mi bondad! Los pecados de desconfianza son los que Me hieren más penosamente” (Diario, 1076).

¡Oh, cuánto Me duele que muy rara vez las almas se unan a Mí en la Santa Comunión! Espero a las almas y ellas son indiferentes a Mí. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de Mí. Deseo colmarlas de gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como una cosa muerta, mientras que Mi Corazón está lleno de Amor y Misericordia. Para que tú puedas conocer al menos un poco Mi dolor, imagina a la más tierna de las madres que ama grandemente a sus hijos, mientras que esos hijos desprecian el amor de la madre. Considera su dolor. Nadie puede consolarla. Ésta es sólo una imagen débil y una tenue semejanza de Mi Amor” (Diario, 1447).

Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido, no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Oh, infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia! Lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde” (Diario, 1448).

Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme” (Diario, 404).

Sor Faustina también reflexiona sobre la Divina Misericordia de Jesucristo:

¡Oh, qué ardiente es mi deseo de que cada alma glorifique Tu misericordia! Feliz el alma que invoca la misericordia del Señor. Experimentará lo que ha dicho el Señor, es decir, que la defenderá como su gloria, ¿y quién se atreverá a luchar contra Dios? Que toda alma exalte la misericordia del Señor con la confianza en su misericordia, durante toda su vida y especialmente en la hora de la muerte. Alma querida, no tengas miedo de nada, quienquiera que seas; y cuanto más grande es el pecador, tanto mayor derecho tiene a Tu misericordia, Señor. ¡Oh bondad inconcebible! Dios es el primero en humillarse hacia el pecador. ¡Oh Jesús, deseo glorificar Tu misericordia para miles de almas! Yo sé bien, ¡oh Jesús, que debo hablar a las almas de Tu bondad, de Tu inconcebible misericordia!” (Diario, 598).

La Segunda Venida

Sor Faustina Kowalska explica en su Diario que “durante la meditación matutina me envolvió la presencia de Dios de modo singular, mientras reflexionaba sobre la grandeza infinita de Dios y, al mismo tiempo, sobre su condescendencia hacia la criatura. Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo”:

¡Oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de su gracia! Yo di al mundo el Salvador y tú debes hablar al mundo de su gran misericordia y preparar al mundo para su segunda venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. ¡Oh, qué terrible es ese día! Establecido está ya el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante ese día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aún el tiempo para conceder la misericordia. Si ahora tú callas, en aquel día tremendo responderás por un gran número de almas. No tengas miedo de nada, permanece fiel hasta el fin, yo te acompaño con mis sentimientos” (Diario, 635).

En este sentido, Sor Faustina afirma que “los canales de las gracias divinas están abiertos para nosotros, tratemos de aprovecharlos antes de que venga el día de la justicia de Dios y [será] un día terrible” (Diario, 1159).

Asimismo, en un pasaje del Diario, Sor Faustina relata lo siguiente:

Una vez, cuando pregunté al Señor cómo podía soportar tantos delitos y toda clase de crímenes sin castigarlos, el Señor me contestó: Para castigar tengo la eternidad y ahora estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ¡ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita! Hija Mía, secretaria de Mi misericordia, no sólo te obligo a escribir y proclamar Mi misericordia, sino que impetra para ellos la gracia para que también ellos adoren Mi misericordia” (Diario, 1160).

Por último, las obras de misericordia también aparecen en el Diario como una base fundamental del culto a la Divina Misericordia y de la importancia que tienen en el día del juicio:

Sé, hija Mía, que lo comprendes y haces todo lo que está en tu poder, pero escríbelo para muchas almas que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para practicar con ellos la misericordia. Sin embargo, el mérito mucho más grande lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio. ¡Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio!” (Diario, 1317).

No tengas miedo

En el Diario encontramos varios pasajes en los que Sor Faustina siente miedo a la difusión de la Divina Misericordia y cómo Jesús calma sus temores:

Hoy Jesús ha entrado en mi pequeña habitación aislada (…) y dijo: Hija Mía, ¿por qué te dejas llevar por pensamiento de miedo? Contesté: ¡Oh Señor, Tú sabes por qué! Y me dijo: ¿Por qué? Esta obra me asusta. Tú sabes que soy incapaz de cumplirla. Y me dijo: ¿Por qué? Ves que no tengo salud, no tengo instrucción, no tengo dinero, soy un abismo de miseria, tengo miedo de tratar con la gente. Jesús, yo deseo solamente a Ti, Tú puedes liberarme de esto. Y el Señor me dijo: Hija Mía, lo que Me has dicho es verdad. Eres muy miserable y a Mí Me ha agradado realizar la obra de la misericordia precisamente a través de ti que eres la miseria misma. No tengas miedo, no te dejaré sola. Haz por esta causa lo que puedas, yo completaré todo lo que te falta; tú sabes lo que está en tu poder, hazlo” (Diario, 881).

Haz lo que está en tu poder y no te preocupes por lo demás; estas dificultades demuestran que esta obra es Mía. Quédate tranquila si haces todo lo que está en tu poder” (Diario, 1295).

Cuando dieron las doce, mi alma se sumergió en un recogimiento más profundo y escuché en el alma una vez: No tengas miedo, niña Mía, no estás sola, lucha con valor porque te sostiene Mi brazo; lucha por la salvación de las almas, invitándolas a confiar en Mi misericordia, ya que ésta es tu tarea en ésta y en la vida futura. Después de estas palabras comprendí más profundamente la Divina Misericordia. Será condenada solamente el alma que lo quiera, porque Dios no condena a nadie” (Diario, 1452).

Ejemplos de difusión de la Divina Misericordia

Para finalizar este post, os invito a que cada uno de vosotros reflexionéis sobre la forma en la que podéis difundir el culto a la Divina Misericordia de Jesucristo, ayudando a Nuestro Señor a dar a conocer su mensaje de Amor, Bondad y Misericordia sin límites hacia el hombre. Cada uno conoce sus propias virtudes y cómo puede materializar esta difusión en su vida diaria.

Algunos ejemplos pueden ser compartir el conocimiento de la Divina Misericordia con familiares, amigos y otras personas, mediante la palabra, el escrito, las redes sociales o cualquier otro medio que se os ocurra. En mi caso particular, me decidí a escribir mi blog El Amigo que Nunca Falla, que es una fuente constante de alegría, al constatar que sois muchos los que me seguís día tras día.

Pero sin duda hay miles de ejemplos más por realizar (evangelizar con la palabra a quienes lo necesiten, escribir un libro o una tesis doctoral, dar un ciclo de conferencias y un largo etcétera).

Todos ellos serán enormemente valorados por Jesucristo, ya que serán una muestra de amor hacia Él y de confianza en su Bondad. Además, estaréis haciendo una obra de misericordia por el prójimo, ayudando a salvar a muchos pecadores, tal y como Jesús desea. La Difusión de la Divina Misericordia se convierte así en una forma de agradecimiento a Jesucristo por su gran obra de Redención en la Cruz.

Meditar la Pasión de Cristo

Hoy se celebra Domingo de Ramos, fecha en la que la Iglesia Católica recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, recibido por sus discípulos y el pueblo con palmas y ramos de olivo, aclamándole como el Mesías. El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa, con la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

Hoy arranca una Semana en la que somos invitados a acompañar a Jesús en su dolorosa Pasión, meditando el sufrimiento y las humillaciones que soportó fielmente dando su vida por la salvación de toda la humanidad. Su muerte en la Cruz, a las tres de la tarde, es la Hora de la Divina Misericordia, fuente de innumerables gracias, tal y como el propio Jesús le reveló a Sor Faustina Kowalska.

Las palabras de Jesús fueron recogidas por Sor Faustina en su Diario, la Divina Misericordia en mi Alma, que a continuación os remarco en negrita, indicando también el numeral exacto del Diario en el que podéis leerlas, y que hacen mención a la Hora de la Divina Misericordia.

A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión” (Diario, 1320).

Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tú comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación” (Diario, 186).

Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor mérito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí me da una gran alegría” (Diario, 369).

Son pocas las almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias” (Diario, 737).

Hija Mía, medita frecuentemente sobre Mis sufrimientos que padecí por ti y nada de lo que tú sufres por Mí te parecerá grande. Me agrada más cuando contemplas Mi dolorosa Pasión; une tus pequeños sufrimientos a Mi dolorosa Pasión para que adquieran un valor infinito ante Mi Majestad” (Diario, 1512).

Busca la fuerza y la luz en Mi Pasión” (Diario, 654).

Del testimonio de Jesús se concluye la importancia que tiene pedir a las tres de la tarde para uno mismo o para los demás, ya que a esa hora concede gracias a quien se lo pida apelando a los méritos de su Pasión.

Además, quien suplica misericordia a las tres de la tarde por todos los pecados del mundo, en virtud de los méritos de la Pasión de Cristo, está realizando la mayor obra de misericordia que se puede hacer por el prójimo. Implica, por tanto, un acto de confianza en la Divina Misericordia.

Asimismo, meditar la Pasión de Cristo a las tres de la tarde es una forma de manifestar nuestro amor por Jesús, acompañándole en su sufrimiento. Puede hacerse cualquier día del año. Sirve para llenar de luz nuestras vidas, dándonos fuerzas para afrontar las dificultades que tengamos. Apoyando nuestro dolor en la Cruz de Cristo y compartiéndolo con Él en la Hora de la Misericordia, renovamos nuestro espíritu para que salga fortalecido por Jesús. Acompañemos, pues, al Señor a las tres de la tarde del Viernes Santo.

La Hora de la Misericordia

La Hora de la Misericordia es el momento de la muerte de Jesucristo en la Cruz, es decir, las tres de la tarde. Forma parte del culto a la Divina Misericordia, ya que el propio Jesús pidió a través de las revelaciones que hizo a Sor Faustina Kowalska que en esa hora nos sumergamos en espíritu en su Pasión para suplicar misericordia para uno mismo y el mundo entero, especialmente para los pecadores, en virtud de los méritos de su Pasión.

Sor Faustina recogió todas las revelaciones que le hizo Jesús en su Diario, la Divina Misericordia en Mi Alma, cuya lectura siempre os recomiendo, ya que plasma el testimonio directo de Jesucristo. Sus palabras están recogidas en negrita a lo largo de este post, incluyendo el número de anotación del Diario en el que podéis leerlas.

A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión” (Diario, 1320).

Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo” (Diario, 1572).

La Hora de la Misericordia implica una muestra más del Amor infinito que Jesús siente por el hombre, para quien desea su salvación eterna, independientemente de los pecados que haya cometido.

Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tú comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación” (Diario, 186).

Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor mérito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí me da una gran alegría” (Diario, 369).

Sor Faustina relata en su Diario la siguiente experiencia:

“De pronto vi a Jesús crucificado que me dijo: Busca la fuerza y la luz en Mi Pasión. Terminada la confesión medité la tremenda Pasión de Jesús y comprendí que lo que yo sufría era nada en comparación con la Pasión del Creador y que cada imperfección, hasta la más pequeña, había sido la causa de aquella tremenda Pasión. Luego mi alma fue compenetrada por un gran arrepentimiento y solo entonces sentí que estaba en el mar insondable de la misericordia de Dios” (Diario, 654).

Son pocas las almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias” (Diario, 737).

Con estas palabras, de nuevo Jesús hace hincapié en la importancia que tiene pedir a las tres de la tarde para uno mismo o para los demás, ya que a esa hora concede gracias a quien se lo pida apelando a los méritos de su Pasión.

A lo largo de su Diario, Sor Faustina escribe sobre las visiones que tuvo de Jesús. “Hoy durante la Santa Misa vi a Jesús, sufriendo como si agonizara en la cruz, que me ha dicho: Hija Mía, medita frecuentemente sobre Mis sufrimientos que padecí por ti y nada de lo que tú sufres por Mí te parecerá grande. Me agrada más cuando contemplas Mi dolorosa Pasión; une tus pequeños sufrimientos a Mi dolorosa Pasión para que adquieran un valor infinito ante Mi Majestad” (Diario, 1512).

De todas las palabras que Jesús transmitió a Sor Faustina se concluye que meditar la Pasión de Cristo a las tres de la tarde es una forma de manifestarle nuestro amor, acompañándole en su sufrimiento, siendo también una fuente de gracias que el Señor concede.

Además, quien suplica misericordia a las tres de la tarde por todos los pecados del mundo, en virtud de los méritos de la Pasión de Cristo, está realizando la mayor obra de misericordia que se puede hacer por el prójimo. Implica, por tanto, un acto de confianza en la Divina Misericordia.

Asimismo, meditar la Pasión de Cristo a las tres de la tarde es un ejercicio personal para llenar de luz nuestras vidas, consiguiendo las fuerzas necesarias para afrontar las dificultades y problemas que tengamos. Apoyando nuestro dolor en la Cruz de Cristo y compartiéndolo con Él en la Hora de la Misericordia, renovamos nuestro espíritu, para que salga fortalecido por Jesús.

Por último, no olvidemos que a las tres de la tarde, Jesucristo dio la vida por nosotros, redimiendo a toda la humanidad del pecado original, abriéndonos las puertas a la salvación eterna. Meditar la Pasión de Cristo en la Hora de la Misericordia es tener presente al Señor en nuestras vidas.

El sentido del sufrimiento

Cuántas veces nos hemos preguntado qué sentido tiene la vida, por qué tengo tantos problemas o hemos pensado que no podemos sufrir más porque nuestro dolor emocional se ha vuelto insoportable.

De nada vale darle vueltas y más vueltas a estas preguntas porque nuestro razonamiento es limitado y sin la luz de Jesucristo nunca hallaremos respuesta ni paz para nuestros tormentos.

Ya decia el Papa San Juan Pablo II que el sufrimiento sólo tiene sentido en Jesucristo. Sin duda alguna, sus palabras fueron certeras, pero cómo entenderlas y aplicarlas a nuestro caso concreto.

Intentamos sin éxito resolver nuestro dolor en privado, por nuestros propios medios, pero así tarde o temprano nos daremos cuenta de que no llegamos a ninguna parte, que sólo hemos ido acumulando más dolor emocional y desesperación.

Sin embargo, pasamos por alto algo tan sencillo como ofrecerle nuestro dolor a Jesucristo, para que comparta nuestra propia cruz y nos ayude a soportar su peso, con plena confianza en el Señor.

Además, hemos de tener la certeza de que Dios nos ama y ese amor sin límites me va a ayudar a sobrellevar el camino, a disminuir el dolor o la tristeza. De esta manera, pronto nos sentiremos muchísimo mejor, con el ánimo y el espíritu renovados porque Jesucristo nunca defrauda.

El Amigo que nunca falla


El Amigo que Nunca Falla es un blog para dar a conocer el lado más humano de Jesucristo. Desde mi perspectiva católica,  ofrezco una reflexión humilde sobre la figura de Jesús, sobre su faceta cercana, próxima al hombre, que puede resultar poco conocida.

Jesús es el Amigo que nunca falla. Desea que nos acerquemos a Él sin miedo, que conversemos con Él como lo haríamos con nuestro mejor amigo: con confianza, contándole todo aquello que nos preocupa,  nos duele, nos obsesiona o simplemente nos hace sufrir.

Jesús nos escucha siempre y nunca defrauda. Por eso es el Amigo que nunca falla. Siempre está dispuesto a salir a nuestro encuentro,  a escucharnos y apoyarnos, especialmente en los peores momentos: esos en los que flaquean las fuerzas para seguir adelante, en los que hemos tirado la toalla o perdido toda esperanza por diversos motivos (una enfermedad,  el duelo por un ser querido,  un cargo de conciencia por algo que podíamos haber hecho por alguien y no hicimos…)

En este punto, os animo a que cada uno de vosotros reflexione sobre su propia cruz, la que os entristece, os duele y no os deja vivir en paz. Jesús nos invita a compartir con Él nuestra cruz, a soportar ese peso con Él, dándonos fuerzas para continuar el camino con plena confianza en su Amor y Divina Misericordia hacia nosotros.

Hablemos con Él sin miedo, con confianza, siendo conscientes de que siempre nos escucha y ayuda, transformando nuestro dolor en alegría,  nuestro desconsuelo en tranquilidad y nuestros miedos en barreras caídas.

post