Tengo sed de ti

Hoy quiero compartir con vosotros la oración Tengo sed de ti, escrita por la madre Teresa de Calcuta, en la que describe perfectamente el infinito Amor que Jesucristo siente por cada persona.

Os recomiendo que la leáis con detenimiento porque, al estar escrita en primera persona, es como si cada palabra fuera pronunciada por Jesús, lo que la convierte en una oración capaz de traspasar el corazón.

Al encontrarnos en Adviento, que es un tiempo de espera confiada en el Señor, la oración Tengo sed de ti nos recuerda que el Amor y la Misericordia de Dios no conocen límites.

Jesús desea darse a cada persona para transformar su vida. Él puede cambiar cualquier situación personal, es capaz de solucionar todo tipo de problemas o dificultades e incluso quiere sanarnos. Lo único que nos pide para que Él pueda actuar es que le abramos nuestro corazón con fe, confiando plenamente en su infinito Amor.

La Divina Misericordia de Jesucristo, además de actuar en el perdón de los pecados, se manifiesta también en su Poder transformador, que es capaz de rehacer la vida de toda persona. Por tanto, os animo a compartir con el Señor cualquier dificultad que estéis atravesando para que Él pueda transformarla.

“Mira que estoy a la puerta y llamo…”

(Apocalipsis 3, 20).

Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser Yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que Me permita entrar.

Y quiero que sepas que cada vez que Me invitas, Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinitos, trayendo los muchos dones de Mi Espíritu. Vengo con Mi misericordia, con Mi deseo de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor en cada detalle, tan grande como el Amor que he recibido de Mi Padre (“Yo les he amado a ustedes como el Padre Me ama a Mí…, Jn. 15,10). Vengo deseando consolarte y darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te traigo Mi luz, para disipar tu oscuridad y todas tus dudas. Vengo con Mi poder, que me permite cargarte a ti con Mi gracia, para tocar tu corazón y transformar tu vida. Vengo con Mi paz, para tranquilizar tu alma.

Te conozco como la palma de mi mano, sé todo acerca de ti, hasta los cabellos de tu cabeza he contado. No hay nada en tu vida que no tenga importancia para Mí. Te he seguido a través de los años y siempre te he amado, hasta en tus extravíos. Conozco cada uno de tus problemas. Conozco tus necesidades y tus preocupaciones y, sí, conozco todos tus pecados. Pero te digo de nuevo que Te amo, no por lo que has hecho o dejado de hacer, Te amo por ti, por la belleza y la dignidad que Mi Padre te dio al crearte a Su propia imagen. Es una dignidad que muchas veces has olvidado, una belleza que has empañado por el pecado. Pero Te amo como eres y he derramado Mi Sangre para rescatarte. Si solo me lo pides con fe, Mi gracia tocará todo lo que necesita ser cambiado en tu vida: Yo te daré la fuerza para librarte del pecado y de todo su poder destructor.

Sé lo que hay en tu corazón, conozco tu soledad y todas tus heridas, los rechazos, los juicios, las humillaciones. Yo lo sobrellevé todo antes que tú. Y todo lo sobrellevé por ti, para que pudieras compartir Mi fuerza y Mi victoria. Conozco, sobre todo, tu necesidad de amor, sé qué tan sediento estás de amor y de ternura. Pero cuántas veces has deseado satisfacer tu sed en vano, buscando ese amor con egoísmo, tratando de llenar el vacío dentro de ti con placeres pasajeros, con el vacío aún mayor del pecado. ¿Tienes sed de amor?

“Vengan a Mí todos los que tengan sed…” (Jn. 7,37). Yo te saciaré y te llenaré. ¿Tienes sed de ser amado? Te amo más de lo que te puedes imaginar…, hasta el punto de morir en la Cruz por ti.

TENGO SED DE TI. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. TENGO SED DE TI. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Tan precioso eres para Mí que TENGO SED DE TI. Ven a Mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva creación y te daré la paz aun en tus pruebas. TENGO SED DE TI. Nunca debes dudar de Mi Misericordia, de Mi deseo de perdonarte, de Mi anhelo por bendecirte y vivir Mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. TENGO SED DE TI. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. TENGO SED DE TI. Ábrete a Mí, ven a Mí, ten sed de Mí, dame tu vida. Yo te probaré qué tan valioso eres para Mi Corazón.

¿No te das cuenta de que Mi Padre ya tiene un plan perfecto para transformar tu vida a partir de este momento? Confía en Mí. Pídeme todos los días que entre y que me encargue de tu vida y lo haré. Te prometo ante Mi Padre en el Cielo que haré milagros en tu vida. ¿Por qué haría Yo esto? PORQUE TENGO SED DE TI. Lo único que te pido es que te confíes completamente a Mí. Yo haré todo lo demás.

Desde ahora, ya veo el lugar que Mi Padre te ha preparado en Mi Reino. Recuerda que eres peregrino en esta vida viajando a casa. El pecado nunca te puede satisfacer ni traerte la paz que anhelas. Todo lo que has buscado fuera de Mí solo te ha dejado más vacío, así que no te ates a las cosas de este mundo; pero, sobre todo, no te alejes de Mí cuando caigas. Ven a Mí sin tardanza porque cuando me das tus pecados, me das la alegría de ser tu Salvador. No hay nada que Yo no pueda perdonar y sanar, así que ven ahora y descarga tu alma.

No importa cuánto hayas andado sin rumbo, no importa cuántas veces me hayas olvidado, no importa cuántas cruces lleves en esta vida, hay algo que quiero que siempre recuerdes y que nunca cambiará. TENGO SED DE TI, tal y como eres. No tienes que cambiar para creer en Mi Amor, ya que será tu confianza en ese Amor la que te hará cambiar. Tú te olvidas de Mí y, sin embargo, Yo te busco a cada momento del día y estoy ante las puertas de tu corazón, llamando. ¿Encuentras esto difícil de creer? Entonces, mira la Cruz, mira Mi Corazón que fue traspasado por ti. ¿No has comprendido Mi Cruz?, entonces escucha de nuevo las palabras que dije en ella, te dicen claramente por qué Yo soporté todo esto por ti: “… TENGO SED” (Jn. 19, 28). Sí, TENGO SED DE TI. Como el resto del salmo que Yo estaba rezando dice de Mí: “… esperé compasión inútilmente, esperé alguien que me consolara y no lo hallé” (Salmo 69:20). Toda tu vida he estado deseando tu amor. Nunca he cesado de buscarlo y de anhelar que Me correspondas. Tú has probado muchas cosas en tu afán por ser feliz. ¿Por qué no intentas abrirme tu corazón, ahora mismo, abrirlo más de lo que lo has hecho antes?

Cuando finalmente abras las puertas de tu corazón y finalmente te acerques lo suficiente, entonces Me oirás decir una y otra vez, no en meras palabras humanas sino en espíritu: “no importa qué es lo que hayas hecho, Te amo por ti mismo. Ven a Mí con tu miseria y tus pecados, con tus problemas y necesidades, y con todo tu deseo de ser amado. Estoy a la puerta de tu corazón y llamo…, ábreme, porque TENGO SED DE TI…”.

“Jesús es Dios, por lo tanto Su Amor y Su

Sed son infinitos. Él, Creador del Universo.

Pidió el amor de sus criaturas. Tiene sed

de nuestro amor… Estas palabras:

‘Tengo sed’. ¿Tienen un eco en nuestra alma?”.

Madre Teresa de Calcuta.


Conversación con Jesús de la Misericordia durante 30 días

Mi Jesús, en Ti deposité toda mi confianza, Tú sabes de todo, Padre y Señor del universo, eres el Rey de reyes, Tú que hiciste al paralítico andar, al muerto vivir y al leproso sanar.

Tú que conoces mis angustias y ves mis lágrimas, bien sabes Divino Amigo cómo preciso alcanzar de Ti esta gracia:

(Pedir la gracia).

Haz, Divino Jesús, que antes de que termine esta conversación que tendré Contigo durante 30 días, yo pueda alcanzar esta gracia que Te pido con mucha fe y esperanza.

Mi conversación Contigo, Divino Maestro, me da ánimo y alegría para vivir, solo de Ti espero con fe y esperanza:

(Pedir la gracia con fe).

Con gratitud mandaré a imprimir mil oraciones para que otros precisen de Ti, aprendan a tener confianza en Tu Misericordia. Dejaré las oraciones en las iglesias para que sean divulgadas.

Ilumina mis pasos, así como el sol ilumina cada mañana el amanecer y testifica nuestra conversación.

Jesucristo, tengo confianza en Ti y cada día más aumenta mi fe en Ti.


El Cerro de los Ángeles acogerá un Congreso de Evangelización basado en el Sagrado Corazón de Jesús

En el marco de las celebraciones del Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, la Diócesis de Getafe ha organizado un Congreso de Evangelización, que tendrá lugar en la Basílica del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles (Getafe), los días 28 y 29 de septiembre de 2019.

Bajo el lema “Sus heridas nos han curado”, el objetivo del Congreso es dar a conocer distintas experiencias de evangelización para comunicar la fe desde el Sagrado Corazón de Jesús. Está dirigido tanto a laicos como a personas consagradas que deseen obtener ideas para realizar su apostolado. La inscripción es gratuita y se puede hacer a través de la página web https://corazondecristo.org/congreso/

También es posible realizar donativos para financiar las distintas actividades organizadas con motivo del Año Jubilar del Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, que comenzó el 2 de diciembre de 2018 y se prolongará hasta el 24 de noviembre de 2019, solemnidad de Cristo Rey, fecha en que se cerrará la Puerta Santa de la Basílica del Cerro de los Ángeles.

El Programa del Congreso de Evangelización incluye 4 ponencias, 3 stands, diversos talleres y testimonios de evangelización y curación, así como la instalación de una Carpa Joven y la celebración de un Congreso Infantil.

El ciclo de ponencias arranca el sábado 28 de septiembre, a las 10:15 horas, con “Misterio que se ha de celebrar”, a cargo de la madre Olga María del Redentor, superiora Carmelita Samaritana del Corazón de Jesús. A las 12h:00, el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, proseguirá con “Misterio que se ha de vivir”.

Por la tarde, a las 19h:45, la misionera Lourdes Grosso, será la encargada de pronunciar “Misterio que se ha de orar”. El ciclo de ponencias lo cerrará el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, con “Misterio que se ha de creer”, el domingo 29 de septiembre, a las 10h:00.

Durante los dos días que dura el Congreso, la explanada del Cerro de los Ángeles acogerá 3 stands (Enfoque social, Plan de evangelización y Presencia diocesana), en los que se darán a conocer diversos métodos para comunicar el Evangelio desde el Corazón de Jesús. También se podrá ver la exposición gratuita “Vida y espiritualidad de la madre Teresa de Calcuta”.

El sábado, a las 16h:30, se realizarán varios Talleres con experiencias de evangelización dirigidas a diferentes colectivos: LifeTeen (para adolescentes y jóvenes); el proyecto “Ven, Sígueme”, desarrollado por Notre Dame de Vie (dirigido a niños); o el Proyecto Amor Conyugal (para las familias).

Por su parte, el sacerdote José Manuel Horcajo, párroco en San Ramón Nonato, del barrio madrileño de Vallecas, compartirá su experiencia de evangelización en las periferias; y para evangelizar a todos, las Agustinas del Monasterio de la Conversión explicarán la labor que realizan.

Además, el sábado a las 18h:30h, se ofrecerán 5 testimonios de curación basados en el Corazón de Jesús: de la enfermedad (sor Carmen Señor, sierva de Jesús); de la ruptura familiar (Betania); de la falta de libertad (Pastoral penitenciaria, EPYV); del rencor y el odio (charla sobre el perdón, a cargo del director de cine Juan Manuel Cotelo); y de la muerte (Grupos de duelo Grupmad).

El Congreso de Evangelización incluirá también varios momentos para la oración y la Adoración. Así, el sábado, a las 09h:30, se rezará la oración de Laudes. Ese mismo día, a las 14h:00, se celebrará la Eucaristía, y el sacerdote Javier Siegrist presidirá una vigilia de oración a las 22h:00, que contará con la participación del Coro Diocesano de Getafe. A las 23h:30, se dará la bendición y despedida.

El domingo, a las 09h:30, se volverán a rezar los Laudes, y el Congreso de Evangelización se clausurará a las 13h:15 con la celebración de la Santa Misa, presidida por el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, quien previamente presentará el nuevo Plan de Evangelización de la Diócesis de Getafe (12h:00).

Carpa Joven y Congreso Infantil

El Congreso también ofrece actividades dirigidas especialmente a los jóvenes, ya que habrá instalada una Carpa Joven donde se podrá disfrutar de la música en directo del grupo católico Wellgate y del rapero Josué Villalón. Será durante la tarde del sábado 28 de septiembre.

Además, en esta Carpa se escucharán los testimonios de Dimitri Conejo (fundador del portal de fotografías católicas Cathopic) y de la Comunidad del Cenáculo (organización dedicada a la sanación de personas con diferentes adicciones).

Junto al Congreso de Evangelización para adultos, se celebrará en paralelo un Congreso Infantil, con actividades lúdicas y religiosas dirigidas a niños hasta los 15 años de edad. Para participar, es imprescindible que los padres inscriban previamente a sus hijos, ya que la organización no podrá atender a niños que no estén apuntados. Las inscripciones son gratuitas y se pueden realizar a través de la página web https://corazondecristo.org/congreso/

Para más información

Programa del Congreso de Evangelización “Sus heridas nos han curado”


La oración “Mensaje de Jesús”

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones en Mí, todo se resolverá con tranquilidad según Mis designios.

No te desesperes, no Me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra tus ojos del alma y dime con calma:

“¡Jesús, yo confío en Ti!”.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees Mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.

Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en Mis manos tu futuro. Dime frecuentemente:

“¡Jesús, yo confío en Ti!”.

Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera.

Cuando Me dices: “Jesús, yo confío en Ti”, no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en Mis brazos divinos, no tengas miedo, YO TE AMO.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora:

“¡Jesús, yo confío en Ti!”.

Necesito las manos libres para poder obrar. No Me ates con tus preocupaciones inútiles. Las fuerzas de la oscuridad quieren eso: agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía solo en Mí, abandónate en Mí.

Así que no te preocupes, echa en Mí todas tus angustias y duerme tranquilamente. Dime siempre: “¡Jesús, yo confío en Ti!”, y verás grandes milagros. Te lo prometo por Mi AMOR.


El abandono a la confianza

Sor Faustina Kowalska relata en diversos pasajes de su Diario, la Divina Misericordia en mi alma las grandes tinieblas espirituales que padecía. No obstante, explica que se trata de pruebas enviadas por Dios y que pueden superarse si se confía plenamente en Jesús.

En estos momentos de oscuridad, el sentir el rechazo de Dios turba al alma, cayendo en pensamientos de desaliento, pero si la persona se abandona a la confianza total en Jesús, aunque se sienta condenada, está salvada. Solamente la desconfianza, la falta de fe y la desesperación pueden apartar a un alma de Dios.

Mi mente estaba extrañamente oscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él. Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada. Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria. Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aún más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mí el único camino que debía seguir y [mi] tabla de salvación. Cuando el sacerdote me explicó que esas eran las pruebas enviadas por Dios y que, `con el estado en que te encuentras no solo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho, es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas´. No obstante, esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí. Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo Sacramento y repetía estas palabras: `Aunque me mates, yo confiaré en Ti´. Me parecía que agonizaba en aquellos dolores. El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para qué empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para qué mortificarme y anonadarme? ¿Para qué hacer votos? ¿Para qué rezar? ¿Para qué sacrificarme e inmolarme? ¿Para qué ofrecerme como víctima en cada paso? ¿Para qué, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para qué estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón” (Diario, 77).

Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: `Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mí Tu Voluntad, ¡oh Señor y Dios mío!, y yo glorificaré Tu infinita Misericordia´. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos. De repente vi a Jesús que me dijo: `Yo estoy siempre en tu corazón´. Un gozo inconcebible inundó mi alma y [llenó] de gran Amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar. ¡Oh, no temo nada!; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aún mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor”(Diario, 78).

Si el Señor quiere llevar un alma a través de tales sufrimientos, que no tenga miedo, sino que sea fiel a Dios en todo lo que depende de ella. Dios no hará daño al alma, porque es el Amor Mismo y por este Amor inconcebible la llamó a la existencia. Pero cuando yo me encontraba angustiada, no lo comprendía” (Diario, 106).

Después de esos sufrimientos, el alma se encuentra en gran pureza de espíritu y en una gran cercanía con Dios, aunque tengo que decir que durante los tormentos espirituales, ella está cerca de Dios, pero está ciega. La mirada de su alma está envuelta en tinieblas y Dios está más cerca de esta alma sufriente, pero todo el secreto está precisamente en que ella no lo sabe. No solo afirma que Dios la ha abandonado, sino que dice ser el objeto de Su odio. ¡Qué enfermedad tan grave de la vista del alma que deslumbrada por la Luz de Dios, afirma que Él está ausente, mientras es tan fuerte que la ciega! Sin embargo, conocí después que Dios está más cerca de ella en aquellos momentos que en cualquier otra circunstancia, ya que con la ayuda normal de la gracia no podría superar las pruebas. La Omnipotencia de Dios y una gracia extraordinaria operan aquí, porque al no ser así, sucumbiría bajo el primer golpe” (Diario, 109).

¡Oh Divino Maestro, esto [es] solamente Tu obra en mi alma. Tú, oh Señor, no temes poner al alma al borde de un abismo terrible, donde ella se asusta y tiene miedo y Tú vuelves a llamarla. Estos son Tus misterios inconcebibles!” (Diario, 110).